Meditando Lunes, 8 de agosto de 2011
Un día, me llamó la atención un reportaje donde contaban que habían declarado a Mathieu Ricard “el hombre más feliz del mundo”. Este monje budista había conseguido registros extraordinarios en un estudio en el que medían de forma científica el índice de felicidad de una serie de personas. Este índice se calculaba no en función de determinados parámetros externos (como por ejemplo que las personas tuviesen coche, dinero…) sino en función de la actividad de cierta región del cerebro que está relacionada con lo felices que nos sentimos.
Antes que eso, cuando era adolescente, leí algún libro magufo sobre la meditación e incluso llegué a practicarla con el único resultado de quedarme dormido en la cama rodeado de velas encendidas, cosa que podría haberme llevado de forma rápida a mi siguiente reencarnación. El reportaje de Mathieu Ricard fue mi reencuentro con la meditación en la vida adulta. Me abrió la curiosidad y me puse a investigar. Lo primero que hice fue leer, y qué mejor que leer una controversia entre un monje budista y un filósofo, escrito por el mismo Mathieu Ricard y por su padre. El libro se titulaba “El monje y el filósofo”, y lo recomiendo a aquellos que quieran una introducción al budismo desde el punto de vista occidental. Por mi parte, el libro despertó todavía más mi curiosidad sobre la meditación. La meditación parecía en principio algo “occidental”, sin ningún tema metafísico: se trataba simplemente en entrenar la mente de determinada manera para controlarla y ponerla a nuestro favor. Con este planteamiento, parecía algo bastante razonable, incluso para un occidental que no se cree ni lo más mínimo de los planteamientos esotéricos que tan de moda están desde hace un tiempo.
Como quiero ser feliz, practicar meditación me pareció un buen plan. Me decidí a practicar meditación más en serio. Me enteré de que había gente en mi familia que asistía a clases de meditación en un centro budista de mi localidad, así que me apunté. Estuve más de un año acudiendo y practicando, y en ese primer año se produjeron cambios importantes en mi habilidad mental, en cómo me relacionaba con mi propio cerebro. Como en cualquier cosa nueva que practicas, los primeros momentos es cuando se producen los cambios más fuertes; después hay que dar pasos más sutiles. Las clases nos las daba en ocasiones una monja budista, en ocasiones una persona “normal” con conocimientos de meditación. A mi me gustaba sobre todo cuando daba clases la monja, no sólo porque tenía conocimientos mucho más amplios sino porque, como iba con el hábito budista, la clase estaba más ambientada y era más sencillo motivarse para meditar. Al año siguiente probé en un centro de meditación diferente, más a la occidental, pero no me gustó tanto porque los profesores no eran tan buenos (o simplemente porque el método que seguían no me resultaba tan adecuado). Al año siguiente tuve que dejarlo por problemas de tiempo, pero seguí practicando a ratos en mi casa.
He probado también el Yoga. La mayoría de la gente piensa que el Yoga es una técnica para el ejercicio físico. Os puedo asegurar que ejercicio físico se hace (yo acababa baldado y con dos días de agujetas tras cada sesión) pero lo importante del Yoga es la actitud mental. No soy un experto en filosofía del Yoga pero siempre se ha considerado bien una preparación para el trabajo mental, bien el trabajo mental en sí mismo. No me sirvió demasiado este enfoque pero creo que es porque no le dediqué suficiente tiempo, aunque pienso que utilizar el cuerpo como vehículo para centrar la mente puede ser algo muy útil.
El último año lo he dedicado a realizar un curso de introducción al budismo. No es que me haya hecho budista: es que he visto que muchos de los textos sobre meditación se abordan desde la perspectiva del budismo, y quería ser capaz de “filtrar” los postulados budistas y quedarme con la técnica de meditación en sí. En este aspecto me ha sido bastante útil. También me ha sido útil para darme cuenta de que estoy muy lejos del budismo, y de que, aunque en principio parezca que no es algo muy metafísico, en cuanto profundizas un poco más se revelan toda una serie de postulados fantásticos como en cualquier otro sistema religioso.
Por mi parte la siguiente fase del plan, en la que estoy ahora, es avanzar en los usos “occidentales” de la meditación. Se ha utilizado la meditación como herramienta de tratamiento de problemas psicológicos, como el stress, y hay una corriente que utiliza las técnicas de meditación con fines terapéuticos. En estos ámbitos no se llama estrictamente meditación, sino Mindfullness. No he visto demasiado material sobre el tema, pero tengo un par de libros pendientes para ir ampliando información al respecto.
Y hasta aquí llega mi historia con la meditación. En el último par de meses la tengo algo olvidada, porque si dedicase tiempo a meditar tendría que quitárselo a mi tiempo de sueño y me iría cayendo por la calle, pero sé que es algo que retomaré en cuanto pueda. Me ha hecho mucho bien y, aunque no he conseguido todavía levantarme a un palmo del suelo mientras medito, sí que he conseguido ser más consciente de mis pensamientos, controlar mi mente y ser más feliz.
Sinceramente, si tenéis la oportunidad, os recomiendo que probéis algún curso de meditación. Si no tenéis la ocasión, buscad algún libro sobre técnicas de meditación y probar a practicarla durante un tiempo; seguro que os resulta útil. Por si os animáis, voy a dejar aquí algunos consejos útiles:
- Los budistas llevan miles de años meditando y tienen experiencia en ello. En vuestra localidad es muy posible que haya una congregación budista, y casi con total seguridad tendrán cursos de meditación. Suelen ser muy asequibles (o gratuitos), si no tenéis para pagar no os cobrarán, y es gente muy accesible y amigable. Esta es la mejor forma de acercarse a la meditación. No os intentarán convencer de nada, podréis acercaros tranquilamente desde cualquier postura escéptica con total comodidad por vuestra parte.
- En el budismo, existen dos grandes tradiciones: la Mahayana y la Hinayana. Para aprender a meditar de forma que os resulte más provechoso, sobre todo al principio, os serán más útiles los textos de maestros Hinayana, sobre todo los de la rama Theravada. Tienen menos de “filosofía” y más de técnica básica.
- Si no practicas un rato cada día, por mucho curso que hagas la meditación no te servirá de nada. Esto es como ir al gimnasio. Puedes ir a un curso donde te expliquen cómo hacer pesas, pero si no haces pesas por tu cuenta no te vas a poner cachas en la vida.
Para terminar, algunos libros que he leído sobre el tema y que me han parecido interesantes:
- El monje y el filósofo, de Mathieu Ricard, que ya he mendionado
- Los caminos de la meditación, de Daniel Goleman. Escrito por el Goleman de “Inteligencia emocional”, es un tratado a la occidental donde analiza las diferentes vertientes de la meditación así como el papel de la meditación en varias corrientes de pensamiento, desde el budismo al catolicismo. Es una lectura imprescindible si queréis tener una idea estructurada de qué es eso de la meditación.
- Mindfullness, bliss and beyond de Ajah Chan. Es un libro en inglés de uno de los mayores maestros Theravada. Contiene instrucciones muy claras sobre cómo meditar.
- Vipassana: el camino de la meditación interior, de Jack Kornfiel y Joseph F. Goldberg. Libro también de la corriente Theravada, muy práctico y útil para meditar.
- Instrucciones para un curso de meditación de diez días, de S.N. Goenka. Dudo que encontréis el libro, yo lo vi en una librería de segunda mano de casualidad, pero lo podéis encontrar en formato audiolibro. Merece la pena el tiempo que invirtáis en escucharlo. Además de conceptos básicos del budismo contiene buenas instrucciones de meditación
A mi la meditación me ha sido tremendamente útil. He pasado de ser una persona descentrada, nerviosa, esclava de mis malos rollos, a ser más consciente de mis pensamientos: ahora vivo más relajado y soy capaz de controlar mis emociones negativas para que no se hagan ellas con el control de mi vida. Cada minuto que le he dedicado a la meditación ha estado bien invertido, y no puedo menos que recomendároslo también a vosotros para que al menos le deis una oportunidad. No se trata de nada esotérico sino de simple gimnasia mental, os lo aseguro.