quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

 

Matando a las empresas Jueves, 21 de Mayo de 2009

Archivado en: polícitamente incorrecto — yabu @ 4:43 pm

Ayer la tertulia del almuerzo trató, una vez más, sobre el capitalismo y sus ventajas. Mis compañeros de trabajo, todos capitalistas por inercia y alguno liberal por convicción, comparan de vez en cuando el capitalismo y la selección natural: sólo los más fuertes sobreviven; luego el capitalismo salvaje, como la jungla, hace que nuestra sociedad evolucione.

No voy a entrar a discutir sobre si capitalismo sí, capitalismo no;  si sistema sí o sistema no, si todos quietos o a las barricadas a lanzar cócteles molotov (más de uno lo haría por puro gusto y amor a las algaradas). Sólo quiero hacer notar que la comparación entre el capitalismo y la vida salvaje resulta incompleta y que, por tanto, hay que mejorarla con un detalle crucial que no sé por qué se ha escapado hasta ahora a todo el mundo: los animales se mueren.

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Sí, queridos lectores: el Rey León murió, Bambi murió (no digamos su madre), Baloo es ahora un montón de huesos podridos, e incluso Kaa la palmará algún día.
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Eso significa que la naturaleza deja espacio. Un animal,  por fuerte que sea, por bien adaptado a su entorno que esté, acabará deteriorándose con el tiempo y permitiendo que las nuevas generaciones de animales tengan su oportunidad. Hay animales que cuando pueden lo evitan (los leones machos se cargan a todas las crías cuando toman el control de un harén de hembras), pero, hagan lo que hagan, el tiempo es implacable y acabarán siendo pasto de las hienas.

Sin emargo, las empresas no envejecen. No son inmortales, porque pueden desaparecer, pero no hay nada que inevitablemente las lleve a su desaparición al cabo de un tiempo limitado. Si una empresa lo hace lo suficientemente bien y no comete errores, puede persistir para siempre.

¿Que ocurriría si esto sucediese en la naturaleza? Los animales con el suficiente poder se cargarían a sus rivales antes de que tuviesen oportunidad de plantarles cara, con lo cual las especies evolucionarían de una forma mucho más lenta. La naturaleza, que según algunos es muy sabia, se basa en la muerte para evolucionar. La inmortalidad enlentece, la muerte despeja los ambientes enrarecidos.

Visto esto, propongo mejorar el capitalismo con una medida muy simple: obligar a las empresas que cierren al cabo de X años. De esa forma acabarían tarde o temprano todos los monopolios de facto y las posiciones de abuso, que digo, de dominio del mercado. Hoy no existirían empresas como Telefónica, la SGAE, Sony, o Microsoft. Al llegar el dia X, se procedería a la disolución de la empresa, que podría realizarse mediante un procedimiento tan simple como retirar la vigilancia de las puertas y maricón el último.

La jubilación sigue este principio, y no creáis, ingenuos lectores, que lo hacen por el bien del jubilado: es una medida básica en las empresas para retirar carcas. Propongo ir un poco más allá y aplicar la jubilación empresarial social, por el bien de todos. Con esto, conseguiremos que el mundo sea un lugar un poco más soportable.

Luego no digáis que no doy ideas. Más I+D+i, coñe.

 
 

Cuidando el corazón Miércoles, 1 de Octubre de 2008

Archivado en: ondo ibili maripili — yabu @ 5:58 pm

Me ha comentado un amigo, que trabaja en una de nuestras Bienamadas Entidades Financieras, que al ir a echar la meadita de por las mañanas se ha encontrado con esto nada más entrar a la zona de los servicios:

¿Será un pájaro? ¿Será un avión?

¿Sería una máquina de vending? ¿Sería un expendedor de compresas? Se acercó un poco más y descubrió que era… ¡El Desfibrilator! (léase “desfibrileitor”)

Es... ¡la máquina de desfibrilar!

Les han puesto una máquina que, al romper un cristal, proporciona al instante un par de electrodos que pueden reanimar un corazón roto: tan sólo hay que seguir los tres sencillos pasos que se indican en el panel luminoso. Y yo que pensaba que después del Ciri-o-matic lo había visto todo….

Lo preocupante del tema es que lo han puesto, recordemos, en una Entidad Financiera. ¿Será por la crisis? ¿Esperan acaso que se incrementen los ataques cardíacos entre los empleados y directivos por los sustos que nos da cada día la economía? Quien sabe.

 
 

Alcanzando el nirvana Martes, 15 de Abril de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 9:05 am

Llevo una temporada tocándome las narices en el trabajo. No me llena, me aburre, no veo nada nuevo. Me dedico tan sólo a  solucionar problema trivial tras problema trivial, utilizando tecnologías obsoletas y trabajando con gente rancia y limitada.

Eso me ha llevado a no hacer nada, pero nada de nada: lo que cuesta una mañana lo alargo durante tres semanas, y lo finiquito de cualquier manera el día que llega la fecha límite.

Al principio estaba preocupado, sufría, me sentía agobiado. Luchaba con algo dentro de mi, algo que me habían inculcado desde la infancia: la responsabilidad, el deber, el trabajo bien hecho, el miedo al despido. Me ha costado mucho tiempo y varias sesiones de psicólogo, pero por fin he superado mis limitaciones. Me he trascendido, y estoy más allá de las cosas mundanas.

Los usuarios llaman con problemas, peticiones, pero no me inmuto.
Las incidencias caen en nuestro sistema como piedras, pero soy un estanque.
Los proyectos pasan sobre mi como las olas.

He alcanzado el estado supremo de la procastinación.

 
 

Usando messenger Miércoles, 12 de Marzo de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 3:02 pm

Hace unos años instalamos un sistema de mensajería instantánea. Teníamos mil ideas, lo habíamos integrado con el correo, con las aplicaciones, con la intranet. Sin embargo, el Super-Jefe-de -la-muerte denegó un piloto diciendo que era algo de dudosa utilidad: en vez de para aumentar la productividad, servía para perder el tiempo.

Como no podía ser de otra forma otro equipo de desarrollo, que es a quien le corresponden ahora estas cosas, ha puesto en marcha un piloto de mensajería, con el visto bueno del Super-Jefe-de-la-muerte.

Me he negado a usarlo: podría disminuir mi productividad.