Cambiando de turno Jueves, 12 de enero de 2012
El yayo ha muerto. Hace un poco más de tres años ya estuvo a punto. Había aguantado muy bien hasta este verano, cuando su cuerpo empezó a fallar poco a poco. En seis meses pasó de ir a comprar el pan cada día a cagarse encima y no poder apenas levantarse del sofá. Por suerte no se murió sólo: mis padres y mis tíos estuvieron presentes en la habitación hasta el último momento, aunque él ya había perdido prácticamente la conciencia.
Ha vivido 97 años, casi todos ellos con una salud casi perfecta.
Era mi último abuelo. Con su despedida, la muerte ha avanzado un turno: si no hay ningún accidente, ninguna enfermedad grave, los siguientes en morir serán nuestros padres. Luego, moriremos nosotros. Ahora estoy en segunda línea de fuego. Mi generación ha sido reemplazada por la de nuestros hijos, y se va acercando el momento en el que mi hermano y mis primos seamos ancianos y empecemos a morir. Después de que lo hagan nuestros padres. Segundo turno.