Una de las cosas que tiene la oposición es que no es una oposición: es un concurso-oposición. Esto que suena a chino viene a decir que, aparte de los exámenes, valoran otras cosas: experiencia profesional, otras carreras y cursos realizados, etcétera.
La oposición a la que me he presentado tiene la orden explícita del ministerio de favorecer a los profesores interinos para que saquen plaza definitiva. Esto se convierte en que, en el concurso, los años trabajados como profesor en la escuela pública cuentan muchísimo. Una persona puede aprobar por los pelos pero si lleva veinte años trabajando de profesor, pasará por delante de opositores que tengan un diez. Valoren ustedes mismos la justicia de todo esto, teniendo en cuenta que esa persona lleva veinte años sin poder o querer sacarse la oposición.
Para conseguir plaza, por lo tanto, hay que sacar puntos de méritos de donde sea. Aparte de la experiencia profesional hay otros dos apartados que dan puntos: participación en proyectos de innovación educativa, y cursos de formación.
Claro está, todo el mundo se dedica a hacer cursos de formación. Por suerte yo he podido entregar como méritos un par de másters que tengo hechos y algún otro curso del ITI. Pero claro con eso no llegaba para cubrir los 4 puntos de méritos que da ese apartado, así que me tocó buscar cursos para rellenar el hueco. Y aquí viene lo que quería explicar:
El timo de los cursos de oposiciones
Resulta que los sindicatos, sí, esos que son tan buenos que tanto nos defienden, se han dedicado a ofrecer cursos para que todos los opositores y recién aprobados puedan, por una módica cantidad, rellenar su apartado de puntos de formación. Yo voy a hablar en concreto de uno de ellos, el ANPE, que es el que conozco.
Claro está que he hecho uso de ellos. Hay unos cursos de 100 horas; cuestan 150 euros cada uno, y he hecho tres (450 euros a la causa obrera, mira qué bien). Los cursos suenan bien y son online. Pero… lo de online quiere decir que, cuando entregas, sólo hay que mandar un correo a una dirección (de gmail, no vayan a gastarse dinero en un servidor de correo) con el trabajo adjunto. Tengo la firme sospecha de que el trabajo ni se lo leen. La gente se copia de forma descarada, se entregan cosas malísimas, pero malísimas, que dan por buenas… En resumen: pagas los 150 euros y te aprueban. Los cursos, claro, los homologa una universidad: la Universidad Católica de Valencia. A saber los criterios que siguen para la homologación.
No hay soporte al curso. Hay unas tutorías, telefónicas, durante dos horas a la semana. No he llamado pero me juego un huevo a que descuelgan el teléfono o está siempre comunicando. El material, un libro de mierda y con una edición pésima, con imágenes que parecen copiadas de Internet, faltas de ortografía, y con un contenido desestructurado y muy pobre.
Para simplificar trámites, sólo se ponen en contacto contigo si has suspendido el trabajo o no les ha llegado: envías el correo y si no te dicen nada, un par de veces al año puedes pasar a por tus justificantes. Además, cuando te matriculas, puedes elegir para qué mes quieres que te cuente el curso, ya que hay un límite de cursos que se pueden hacer cada mes, y de esta forma te lo apañas mejor. He oído de casos que han dado cursos a gente que ni siquiera había entregado el trabajo, o que le habían dado certificados que no tenían nada que ver con lo que había entregado.
En ANPE no son los únicos: todo el que puede monta cursos basurilla, se los homologan, y a correr.
¿Es justo que cuente lo mismo un máster de dos años que un curso de cien horas del ANPE, a 150 euros? ¿Es justo que se, gracias a estos chanchullos, se esté dando puntos a gente que realmente no tiene formación? Vosotros mismos. A mi lo que me ha dado la impresión es de que es un mamoneo tremendo, y un sistema que sólo sirve para financiar a los sindicatos y a cuatro espabilados.
En fin, qué país. Luego queremos que haya una buena enseñanza.