Queridos lectores, ando jodido últimamente. ¿Recordáis que dije que uno escribe más en su blog cuanto más jodido está? Bueno, pues os juro por que se muera Dios que cuando yo volví a escribir en este blog es porque estaba bien. Feliz, contento como unas castañuelas, disfrutando de la vida. Mi objetivo al volver a escribir en este blog era sólo uno: quiero mejorar la manera en la que me expreso por escrito, y me había dado cuenta de que escribir de forma periódica en el blog me había ayudado mucho en ese aspecto. Entre otras acciones para mejorar mi habilidad escritora, decidí que iba a publicar en el blog con cierta constancia. Quería compartir mi felicidad con vosotros, las reflexiones chorras que me hago en el día a día, etc. Sin embargo heme aquí, un par de meses después de aquel nuevo comienzo, y ando jodidísimo. No sé si será a causa de escribir en el blog o es que de alguna forma mi mente había detectado de forma subconsciente que empezaba a estar jodido y comenzó a prepararse escribiendo en el blog. Ni idea. Sólo sé que vuelve a cumplirse la relación entre jodienda y escribir en blogs.
De un tiempo a esta parte me ha dado una crisis existencial, o algo por el estilo. De pronto, han habido bastantes etapas que se cierran, otras que no acaban de abrirse, y eso me ha dejado un poco en el aire. He dejado de lado un proyecto en el que me había implicado intensamente los últimos años, y lo dejo con una cierta sensación de fracaso. He cambiado también de trabajo: de estar con una gente maravillosa, con buen humor y haciendo algo para lo que me sentía útil, he caído en una especie de vórtice lleno de desconocidos y donde no se sabe muy bien lo que hago, haciéndome sentir bastante inútil. Y he cambiado también de vida por mi hija. Tiene año y medio, y hay muchas cosas a las que he renunciado porque ahora lo que toca es estar con ella y hacer que sea lo más feliz posible. Se renuncia muy a gusto, pero a veces se echan de menos todas esas cosas que dejas atrás: amigos que no ves tan a menudo, actividades que no puedes llevar a cabo, y la relación con mi pareja para la que no tienes ni tanto tiempo ni tantas energías como antes.
Demasiados cambios, es algo difícil de asimilar.
Además, hay algo que sucedió hace poco y que es posible que tenga algo que ver con mi estado actual. Estoy haciendo un curso sobre budismo (ya contaré más cosas al respecto otro día, porque el tema da algo de sí), y en una de las sesiones tuvimos que meditar sobre la muerte. Creo que esa meditación removió algo en mi interior. Creo que me hizo ver todas las cosas que he ido dejando atrás de un tiempo a esta parte, todas esas etapas que se van cerrando sin que a veces nos demos cuenta y que nos van lanzando hacia adelante en la vida, no se sabe muy bien hacia adonde. La cuestión es que el objetivo de la meditación era precisamente ese: que nos diésemos cuenta del permanente cambio y de lo poco que nos queda de estar en este mundo; pero los mamones de los budistas creen en la reencarnación y la cosa no es tan grave para ellos. A mi me ha dejado completamente jodido.
Echo de menos tantas cosas… El ambiente que había antes en la blogosfera. Esos amigos de los que sabes tanto sin conocerlos y que poco a poco van dejando de estar allí. Evolucionan, se queman etapas, se deja de escribir en los blogs para ir pasando a otras cosas que acaparan nuestro interés y que nos llenan más, como hablar con nuevos amigos y nuevas parejas que nos comprenden y contestan de forma más cálida que cuando escribimos delante de una máquina. Hace poco revisaba el blog de Hipocondria buscando el nombre de una canción que había olvidado y me di cuenta de todas aquellas historias, todo ese tiempo que compartió Diana conmigo sin ella saberlo, y me entró la nostalgia. O al leer el blog de la Canalla, que fue el primero que leí y el que me introdujo al mundo de los blogs. Siento que todas esas personas avanzan en su vida y se separan de aquel lugar donde un día todos nos reunimos y conversamos, crecen como niños que se van haciendo mayores, y los echo de menos. Siento que se pierde ese pequeño mundo que construimos un día: ha quedado atrás y no es más que un recuerdo, un pequeño remanso de felicidad que fue arrastrado por el flujo implacable del tiempo y de la vida. Menos mal que quedan algunas de las de siempre como Lu, que sigue manteniendo aquella llama aunque a veces haya estado a punto de dejarla apagarse.
Lo dicho, siento el cierre de una etapa, pero no veo todavía la apertura de una nueva. Me faltan objetivos. Necesito tener algo claro de adonde ir, hacia donde tirar, saber a qué me voy a dedicar que me llene realmente y que sea viable. Hay tantos objetivos, pero tan lejanos… Las oposiciones, que han quedado paradas por esta crisis y que no se sabe cuando se van a reanudar. Los proyectos de desarrollo de webs, que cada vez se me hacen más cuesta arriba (¿me estaré haciendo mayor de verdad?). El trabajo, al que no le veo ningún futuro a medio plazo. Los amigos, que también tienen sus hijos, sus proyectos, y que se separan de nosotros. No sé muy bien para donde tirar, y creo que hasta que no lo sepa, hasta que no sienta prender la chispa de un nuevo comienzo en mi interior, estaré triste y nostálgico.
En fin, hasta aquí este ladrillo de desahogo. Puede que os haya dado un poco el coñazo, pero yo, como lector de blogs, agradecía leer acerca de los sentimientos y de cómo les iba en la vida a aquellas personas que escribían acerca de ellos mismos. Me enseñaron mucho, y me hicieron salir de un caparazón donde estaba metido haciéndome ver que la vida era mucho más rica de lo que yo pensaba. Si con este post puedo ayudar a alguien a enriquecer un poco su forma de ver las cosas, o simplemente sirve para entreteneros un rato, será suficiente.