quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

Moviendo la diana Miércoles, 29 de junio de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 3:15 pm

Este año no han habido oposiciones, así que no le he dedicado ni un minuto al asunto. Sin embargo ya toca empezar a prepararse para el año que viene. Desde que soy padre mi tiempo se ha reducido una barbaridad: ya no puedo contar más que con una hora al día de tiempo para mí en el mejor de los casos, así que voy a tener que planificar el trabajo con tiempo y tener mucha disciplina. Estas dos cosas son muy difíciles para mí, así que más me vale ponerme las pilas y mentalizarme cuanto antes.

El problema es que estos años estaba vigente un sistema transitorio de oposiciones, y la transitoriedad ya ha terminado. Si todo fuese normal, a partir de 2012 entraría en vigor la parte no transitoria del decreto 276/2007, que es un sistema poco diferente al que ha habido hasta ahora, y santas pascuas. Perooooo…. claro que no, no va a ser tan fácil. El Ministerio, que no de Magia pero sí al parecer de Juegos Malabares, quiere ponérnoslo un poco más difícil a todos los opositores. Se ha descolgado con un borrador de un nuevo decreto de acceso a la función pública docente, usease de oposiciones, donde cambia todo el sistema que se detallaba en el real decreto actual por otro que se parece como las ovejas churras a las pastillas de detergente. Por si eso no fuera suficiente, el Ministro anda rumoreando que si se va a hacer un MIR para profesores. ¿Cómo se hará esto? Pues no se sabe, pero de forma diferente a lo que indica el real decreto que acaban de poner en circulación. Los sindicatos no podían dejar de meter baza en todo esto y andan presionando para que se mantenga el sistema transitorio un año más.

En resumen: ¿cómo van a ser las oposiciones docentes del año que viene? Pues ni pajolera idea, porque tenemos al menos tres sistemas tres que tienen probabilidades de ser los que se apliquen.

  • A) Nuevo sistema de oposición del decreto 276/2007
  • B) Sistema transitorio que estaba vigente hasta ahora
  • C) Sistema indicado por el nuevo borrador

Las principales diferencias son:

  • En los casos A y B, hay que preparar y defender una programación didáctica. En el caso C, hay que desarrollar unos supuestos didácticos que te ponen sobre la marcha.
  • En los casos A y B, hay que preparar temas en profundidad, ya que hay que desarrollarlos en el examen. En el caso C, hay que saber de todo el temario ya que son 10/15 preguntas cortas que pueden tratar sobre cualquiera de los temas.​
  • En el caso A, ningún examen es eliminatorio. En el caso B, la teoría más las prácticas son eliminatorias. En el caso C, cada uno de los exámenes son eliminatorios.

El problema de tener tres sistemas es que la estrategia de preparación cambia: no es lo mismo tener que estudiar un tema en profundidad que tener un conocimiento menos profundo pero más extenso del temario; no es lo mismo tener que preparar una programación didáctica que saber de cada uno de los módulos para ser capaz de responder a un supuesto didáctico que puede versar sobre cualquiera de ellos.

Con todo este lío, no sé qué hacer ni por donde empezar. ¿Me espero a que se aclaren más las cosas? ¿Asumo que seguirá en vigor el decreto actual y si aprueban el borrador me replanteo la estrategia sobre la marcha? No hay ninguna opción buena, así que me siento como si jugase a la lotería. Una dificultad añadida a todo el trabajo que lleva prepararse las oposiciones.

Espero acertar, porque necesito más que nunca largarme de mi trabajo y empezar una nueva vida como profesor.

Deteriorándome Martes, 21 de junio de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 3:35 pm

De un tiempo a esta parte, me estoy enfrentando cara a cara con la segunda ley de la termodinámica. Las cosas a mi alrededor se desordenan, se estropean, envejecen. Han sucedido algunos eventos que me han dado prueba de ello.

El primero, un atasco en un fregadero.

No un atasco normal, sino la madre de todos los atascos. El fregadero de la cocina no tragaba, y los remedios al uso para solucionarlo no parecían dar resultado. Empezamos con el desatascador manual. Seguimos con un líquido desatascador biológico. Continuamos con salfumán. Lo intentamos con medios mecánicos, ya bastante más liosos, que nos obligaron a desmontar las tuberías que hay en la parte de abajo del fregadero (que seguro que tienen un nombre pero que no sé cual es) e introducir una especie de cable flexible que más parecía un instrumento de tortura sofisticado que una herramienta. Tampoco funcionó. Al final, conseguí una especie de líquido compuesto de ácido sulfúrico en su mayor parte y que me vendieron con solemnidad, indicándome las mil precauciones que tenía que seguir para utilizarlo. Tras aplicar dicho líquido unas cuantas veces, darle con bastante brío al desatascador y dejar pasar un día de espera antes de llamar al fontanero, de quien sospechábamos que nos iba a picar la pared y dejarnos la cocina hecha una filfa, el atasco se solucionó. Entre unas cosas y otras, hemos estado cuatro días con el fregadero de la cocina inutilizado, fregando los cacharros en la bañera mientras nos dejábamos los riñones y pensábamos cómo solucionar el tema.

El segundo de los eventos ha sido una avería en el barco.

No sé si recordáis que desde hace algún tiempo soy el feliz armador de un Vaurien. Es un barco de vela ligera que en cuanto a navegación no va mucho más allá de darte una vuelta por los alrededores del puerto, pero he aprendido mucho con él. Sobre todo bricolaje. Los barcos son unas máquinas que más que para navegar sirven para aumentar la entropía. Todo lo relacionado con los barcos envejece y se deteriora con gran rapidez, obligando a un mantenimiento constante. La última, han sido un par de averías, una más o menos controlada (porque para mi reparar un agujero en la fibra ya viene a ser algo habitual) y otra que creo que va a ser bastante seria. Se trata de que una de las maderas del fondo del barco se ha podrido y las cosas que estaban atornilladas en ella, se salen. La cuestión es que hay unos cuantos elementos que necesito que estén bien agarrados a esa madera para poder navegar, y no sé cómo voy a solucionarlo: la madera parece parte fundamental de la estructura del barco y no sé si se puede sustituir, y tampoco sé si puedo repararla para que vuelva a tener agarre. Me esperan unos cuantos días de lijar, barnizar, pulir, buscar piezas de formas y materiales específicos, echarle bastante imaginación y ganas. Mientras tanto, estaré sin navegar; además, el resto de piezas del barco se irán deteriorando poco a poco por la acción del viento y el salitre del mar, y no sé si cuando haya terminado con esto me fallará alguna otra cosa.

Estas han sido las averías más importantes, pero han habido más cosas pequeñas de las que no guardo un recuerdo directo, tan sólo una impresión general de decadencia: plantas que mueren, libros que se deshojan, armarios que se ensucian. Me ha hecho pensar. Todo esto no sólo es ley de vida sino que también es ley de la termodinámica, ya lo hemos dicho, pero resulta desagradable. Hay que dedicar esfuerzos para que todas las cosas sigan funcionando al menos como lo vienen haciendo siempre, ya no hablo ni siquiera para mejorar. Cuando andas justo de tiempo, fuerzas y recursos, este deterioro se hace más evidente: te das cuenta de que una parte de tus energías tienen que ir a mantener tu entorno. Cuando eres joven y no tienes nada que hacer es sencillo, haces las cosas sin apenas esfuerzo y sigues adelante con tu vida y con tus proyectos. Pero cuando ya no lo eres tanto, la cosa se pone un poco más cuesta arriba. Imagino en que llegará un momento en que la energía vital de cada uno quedará por debajo de lo necesario para contrarrestar la entropía, con lo que todo poco a poco el entorno envejecerá y decaerá. Nuestro alrededor se convertirá en una de esas casas que tienen los viejos solitarios que no cuentan con ayuda externa, y que son un ejemplo de decadencia. Las cosas están guardadas en bolsas para que no entre un polvo que luego no podrán limpiar. Los armarios están llenos de polillas porque no se ha podido guardar la ropa de forma adecuada ni sustituir el vestuario, los muebles son viejos y están estropeados porque no hay fuerzas ni recursos para sustituirlos. La entropía les ha superado, y a partir de entonces, las cosas no irán mas que a peor.

Sólo espero que mi vejez no sea así. Espero contar con gente a la que quiera, que me quiera, y estar en un entorno joven donde mi madurez pueda aportar algo aunque mi energía física no sea la que tenga ahora. Creo que es posible, y es algo a lo que todo el mundo debería tener derecho. Es muy triste pasar tus últimos días viendo como el mundo se va cayendo a cachitos a tu alrededor.

Apuntándose al chollo Miércoles, 8 de junio de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 3:07 pm

Imaginaos: vais por la calle y de repente se os aparece Shakira, o Sofía Vergara, o Scarlett Johansson (podéis elegir cualquier otra si os gusta más). Os dice: “Estoy cachonda. Necesito un hombre como tú que me haga ahora mismo las mil guarradas en las que estoy pensando”, y acto seguido se agarra los pechos y señala un rincón apartado donde podéis dirigiros a consumar el acto.

¿Ya os lo habéis imaginado? Perfecto. Las manos quietas. Como personas adultas que sois, supongo que seréis conscientes de que una escena así solo puede suceder en vuestra imaginación o en una película porno. Ahora, ¿qué pensaríais si de repente esa escena os sucediese de verdad? Una de dos: o que hoy es vuestro día de suerte, o que aquí hay gato encerrado y de una forma u otra os van a joder.

Hemos quedado que sois personas adultas así que supongo que tendríais claro que, si la escena anterior os sucede de verdad, es porque hay gato encerrado: o se trata de alguna broma de la tele, o eres un político y se van a hinchar a hacerte fotos y a chantajearte. Las cosas no son así de bonitas, y nadie da duros a cuatro pesetas: si una chica se os acerca por la calle, os enseña los pechos y os dice que está cachonda es una puta y os va a cobrar dinero. Esto lo digo también por si hay algún menor despistado que se ha colado en esta página y se ve algún día en la tesitura.

Ahora cambiemos de escenario. Os vais a un banco, decís que tenéis unos eurillos y queréis invertir. La empleada del banco se agarra los pechos… huy no, que estamos en otra cosa: la empleada del banco teclea en su ordenador, revisa unas hojas, y os dice que os va a dar un 1% de interés, un 2% si sois buenos clientes, o un 3% si invertís en acciones de la republica de la banana y contratáis el deposito super-mamada plus descuento. Sí, es así: es una mierda lo que te van a dar por tu dinero. El mundo es jodido, sólo vas a poder vivir de tu capital si tienes realmente mucho, pero mucho capital (en cuyo caso también es posible que se cumpliese algún día lo descrito en el primer párrafo de este artículo). En caso contrario, van a darte cuatro perras para que no te lo guardes en el colchón y se puedan forrar prestándoselo a otros.

Un último esfuerzo de vuestra imaginación. Vais a hablar con un conocido que os ha recomendado un cuñado y que tiene una oficina en el pueblo. Le decís que tenéis unos eurillos para invertir. Os dice que sin problemas, os explica un sistema de inversión que no suena mal y os dice que os va a dar entre un 30% y 60% de interés. Además, no tenéis que contratar ningún producto raro que no os interesa.

¿No os olería a mierda? ¿No veríais la similitud con la primera escena de este post? Pues se ve que una cantidad considerable de gente no ve la similitud, porque no paran de timar al personal con tonterías similares. Si te ofrecen algo que es demasiado bueno, te van a timar. Está cantado. Sucederá más tarde o más pronto, pero sucederá: llegará el momento en el que tengas que pagarle a la puta, y estas putas suelen ser caras.

Para muestra, un par de botones:

La desaparición del empresario que garantizaba intereses del 60 % atemoriza a sus inversores

 

BERNARD MADOFF Y LA MAYOR ESTAFA EN HISTORIA DE LOS EEUU

Ofrecía altas rentabilidades -entre 10-12%-, que nunca se veían afectadas por los vaivenes de los mercados

A un amigo de un conocido de un vecino le hicieron otra, en su mismo banco: le dijeron que le daban un préstamo cobrándole un interés N y con ese dinero podía hacer un depósito a interés N+M. Vamos que ganaba dinero con un préstamo que le había hecho el propio banco, sin poner un duro, sin arriesgar nada. ¿Vio la similitud con la primera escena? No padre, y al cabo de un tiempo estaba “pagando por los servicios prestados”.

No se puede ser tan crédulos. Y la gente que lo sea, que apechugue con las consecuencias. Luego todo el mundo pide ayudas, compensaciones, quiere no perder nada aunque bien que se pensaban quedar los beneficios si todo iba bien. Lo siento, pero yo no voy a pagar los servicios de nadie que pensaba que esa mujer le trataba tan bien porque estaba obnubilada por su belleza y no por su cartera.

Aprovecho que el post va de cosas guarras para realizar un acto cívico y recomendaros que lo hagáis siempre con preservativo, sobre todo cuando tratéis con bancos.

Haciendo footing Miércoles, 1 de junio de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 3:48 pm

Cuando yo era un chaval, la gente se ponía una camiseta y unos pantalones de licra ajustados, unas zapatillas de tenis, unos calcetines de deportes bien subidos y se iban a hacer footing con su walkman. Ahora lo recuerdo con los colores apagados de las páginas de las revistas de aquella época, que aún aparecen de vez en cuando por algún cajón en casa de mis padres. Creo que no se usa ya la palabra footing, sino que la gente se va a correr y es pronadora o supinadora, pero los tiempos de nuestra infancia se recuerdan con añoranza y parecen mejores.

Todo esto viene porque últimamente me voy a correr. Por ahora no soy ni pronador ni supinador, ya que con el dinero que me gasto en las zapatillas no da ni siquiera para que me pregunten esas cosas. La idea es hacer algo de deporte, estar un poco en forma, intentar que la vejez a la que ya le veo las orejas me pille siendo alguien activo y no uno de esos prejubilados que andan torpes por la calle cuando van a la compra. Decidí ir a correr en vez de otras actividades después de un proceso lógico de selección, que se basó en el tiempo que tengo disponible y que es igual a cero. Una vez asumido que no tenía tiempo, decidí que podría apurarme y sacar diez minutos antes de cenar, veinte si conseguía librarme del paseo nocturno de mi perra. En diez-veinte minutos no da tiempo de gran cosa (algo de yoga en casa, un poco de actividad en el gimnasio común de la finca, o correr) y dado que lo que me dejaba más tiempo disponible era correr un rato mientras aprovechaba para pasear a la perra, decidí esa opción. Si saltar en paracaídas  hubiese resultado más eficiente en la relación calorías/tiempo, hubiese elegido saltar en paracaídas, pero salió correr. Así que me convertí en uno de esos que hacían footing cuando yo era chaval pero con los pantalones y la camiseta más anchos, una perra atada al cinturón, un móvil táctil con GPS en vez de un walkman, y unos calcetines de deporte que no me subo del todo.

Yo era feliz. Salía, corría, volvía a casa y me daba una ducha. Sin embargo, hablando con un amigo me comentó que fíjate, él también llevaba corriendo más de un año. Hablé con otro, y lo mismo. Y con otro. Y otro más que también se dedicaba a eso. Empecé a fijarme, y me di cuenta de que eso de ir a correr lo hace todo el mundo, es una actividad al parecer bastante corriente dentro de la vida de personas de mi edad en una ciudad moderna.

De repente, y este es el verdadero motivo de este post, me sorprendí diciéndome a mi mismo: “Vaya, parece ser que esto de correr es algo muy común. ¿Qué voy a hacer? ¿De qué forma puedo diferenciarme del resto de gente que se va a correr?”. Lo sorprendente es que me di cuenta del impulso de diferenciación que anida dentro de mí, lo sorprendí en el mismo momento de actuar, cosa que otras veces lleva a cabo de forma casi inconsciente.

Pensando en el tema, me di cuenta de que en realidad ya estaba haciendo las cosas de forma diferente. Para empezar voy a correr con mi perra (cosa que no hará más del 1% de los corredores), y además mi plan es distinto al del resto de la gente: el objetivo de los corredores es aumentar el tiempo que corren; empiezan con unos minutos y van subiendo, media hora, tres cuartos, una hora; corren cada tres días, cada dos días, quien consigue correr todos los días está orgulloso. Mi plan es al contrario: tengo el tiempo fijado (veinte minutos dos días a la semana) y lo que quiero es hacer ejercicio de la forma más eficiente dentro de ese tiempo. No he conocido a nadie que tenga ese planteamiento a la hora de correr. Estas decisiones no formaban parte de una diferenciación premeditada, sino que forma parte de mi propia forma de hacer las cosas y que no suele coincidir con la del resto del mundo. Hasta ahora pensaba que cuando soy diferente de la gente es que simplemente me sale así, de modo que me sorprendió encontrar ese impulso de diferenciación.

Al parecer, hay algo dentro de mí a lo que le horroriza ser como los demás. La duda que me surgió es: ¿hasta que punto puede estar influyendo este afán de diferenciación en las decisiones que tomo? ¿Hago las cosas porque pienso que deben ser así, o estoy tomando decisiones a propósito para no ser uno más del rebaño? Todas las cosas que me influyen desde el subconsciente me producen cuanto menos algo de suspicacia, así que voy a tener que estar atento a esa nueva faceta que parece que está fuera de mi control.

Además: por un lado, ser diferente está bien porque nos hace sentir especiales. Sin embargo, por otro lado, las personas somos felices cuando formamos parte de algo más grande. A mí en general me cuesta mucho encontrar grupos en los que me sienta cómodo, integrado. Pensaba que era simplemente porque no había encontrado el sitio o la gente adecuada, los proyectos que de verdad me pudiesen interesar. Pero ahora esta creencia se ha debilitado un poco: ¿el problema es que no encuentro a la gente adecuada? ¿No será en realidad que mi subconsciente está poniendo trabas a mi integración por ese afán de ser especial? ¿Es algo dentro de mi lo que me impide ser uno más?

Tendré que estar atento. Reflexionaría sobre ello mientras corro, pero suelo estar más preocupado de la incómoda sensación física por todo el cuerpo que produce el esfuerzo. Quizá haya alguna sustancia que mitigue esa sensación: unos porritos antes de salir, algo más químico. Experimentaría con ello pero no sé si lo haría por mi afán de diferenciación así que por ahora voy a dejarlo estar.

Ignorando la ignorancia Jueves, 26 de mayo de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 2:27 pm

El mundo es más complejo de lo que nos pensamos.

Tendemos a simplificar las cosas a la hora de analizarlas. Debe de ser una tendencia natural del ser humano, lógica por otra parte, ya que de lo contrario no podríamos entender absolutamente nada de lo que nos rodea. Si vemos una puerta, vemos una puerta: se abre, se cierra, aprendemos a utilizarla y no vamos más allá. Es natural actuar así, ya que en casi todos los aspectos del mundo somos simples usuarios: nos basta un conocimiento hasta cierto punto superficial que nos permita utilizar las cosas a nuestro favor.

Pero llega un día en que queremos ser más que usuarios. Queremos modificar las cosas, cambiarlas, mejorarlas. Queremos pasar de usuarios a diseñadores o ingenieros. Querer hacer esto también es natural, porque los seres humanos tenemos una tendencia innata desde el inicio de los tiempos a modificar el mundo para conseguir que nuestra vida sea más grata, y esa tendencia, junto con la capacidad para llevarla a cabo, es la que nos ha hecho ocupar la posición que ocupamos ahora mismo como especie dominante del planeta si no contamos a las cucarachas.

Aquí es donde empieza el problema, porque los conocimientos que tenemos como usuarios no son suficientes para modificar el mundo. Cuando se quiere diseñar una puerta no basta con saber que se abre y se cierra: hay que conocer qué tipos de bisagras hay disponibles, qué materiales se usan para construir una puerta, qué características tienen los cierres, incluso por qué los pomos se ponen a la altura que se ponen. No soy diseñador de puertas (por suerte o por desgracia) pero estoy seguro que la complejidad del diseño de una puerta es mucho mayor que la de su uso. Cualquiera -bueno, casi cualquiera- sabe usar una puerta, pero el 99% de la población no sabría cómo diseñar una puerta en condiciones.

Y lo gordo del problema está aquí: el 99.9% de la población piensa que sí que sabría diseñar una puerta. O gobernar un país. O entrenar un equipo de fútbol. O lo que sea.

Leí hace un tiempo acerca de la ignorancia de segundo orden. La ignorancia de primer orden se produce cuando no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: ni idea. Ignorancia de primer orden: me preguntan y no lo sé. Ahora bien, la ignorancia de segundo orden es peor todavía porque se produce cuando no sabemos que no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: cinco millones. No tienes ni idea pero actúas como si la tuvieses, o no te dedicas a informarte para cubrir los huecos que te produce esa ignorancia porque piensas que ya lo sabes todo. Esa ignorancia es todavía más peligrosa que la de primer orden. Lo malo es que me da la impresión de que esta ignorancia de segundo orden está aumentando cada día. Voy a sacar mi espíritu de abuelo cebolletas y voy a decir que en parte la culpa es de Internet: tenemos tanta información que nos permite conocer cosas de forma superficial que pensamos que conocemos de verdad algo cuando no es así.

Yo soy el primero que he caído en este tipo de ignorancia, lo reconozco. Muchas veces. Por suerte, parece que se me va curando con la edad y, sobre todo, con la lectura. Creo que empiezo a entender lo que quería decir Sócrates con lo de ”sólo sé que no se nada”. Si, lectores y lectoras, es así. Pero yo aún voy a llegar más lejos: no sólo yo no sé nada, sino que vosotros y la mayoría de la gente tampoco.

Por favor, huid de la ignorancia de segundo orden. Cuando queráis cambiar el mundo, cuando penséis que algo puede mejorar de forma evidente, leed. Leed al menos algo introductorio sobre el tema, para que os podáis hacer a la idea de la complejidad del campo donde os estáis metiendo. Enseguida os daréis cuenta de que miles de personas a lo largo de los años han colaborado en ese campo, han tenido y descartado ideas y enfoques, y si no tenéis al menos una perspectiva mínima sobre el tema lo único que haréis será cagarla o, con mucha suerte, acertar de casualidad sin saber por qué.

Es fácil opinar, lo difícil es emitir una opinión informada, original y práctica. Es fácil echarse a la calle a pedir cosas, pero es más difícil saber hacer peticiones razonables.