quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

 

Cambiando el nombre Viernes, 21 de Noviembre de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 2:24 pm

Ha llegado el momento de acabar para siempre con uno de los mayores derroches de la administración, que hay crisis, y si no que le pregunten a mi jefe. Dicho derroche consiste en que cada dos por tres hay que gastarse un dinero importante en placas metálicas para cambiar el nombre de algunas calles. La excusa para cambiar el nombre puede ser cualquier cosa: que si el franquismo; que si el socialismo; que si la religión. Siempre va a haber una excusa para cambiar un nombre porque siempre se ponen los nombres de las calles con intención política, y siempre van a haber opiniones políticas contrapuestas.

¿Cual es la solución a todo esto? Muy sencillo: tomar los nombres de las calles de los captchas de Google (para que veais que Google también tiene cosas buenas). Perdiendo cinco minutos he sido capaz de hacerme con estos nombres tan interesantes y apolíticos:

  • Munster
  • Mitines
  • Cesse
  • Vilizedi
  • Frati
  • Latorse
  • Anterva

No más plaza del ayuntamiento sino plaza de Cesse. No mas avenida de la Constitución, mucho mejor vivir en la calle Vilizedi. Y claro está, no habrían más calles del Generalísimo, que se verían sustituidas por la calle Frati.

Habrían quejas (la inconformidad es algo inherente a la especie humana) pero serían de tipo lingüístico más que político, así que supongo que las discusiones no serían tan encarnizadas: no es lo mismo pedir que quiten el nombre a una calle porque ese señor mató a tu abuelo que pelearse porque la palabra es cacofónica, porque te gustan más las “f” que las “l”, o porque “Vifizendi” es mucho más profundo que Vifizedi y sólo hay que cambiar una letra.

A mi con que me déis la mitad del ahorro en placas me doy por bien pagado por la idea.

 
 

Cobrando tasas Viernes, 7 de Noviembre de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 10:12 am

La cosa tiene cojones.

Como ahora todo el mundo compra por internet (entradas, libros, viajes…) pues las empresas han decidido que vale ya, que vaya mierda, que estan pagando unos servidores y a unos informáticos, que eso tiene un gasto y que alguien lo tiene que pagar y que no van a ser ellos.

¿Solución? Te cobran tasas por comprar a través de internet: 0′50 por una entrada de cine, 1 euro por una entrada de teatro o un billete de tren… Hoy, por ejemplo, me querían cobrar 1′16 en la FNAC por comprar un libro y que lo llevasen a la tienda. Tiene cojones que si llamo por teléfono o me paso por allí a  molestar al empleadome salga gratis, y que si lo reservo por internet me cobren.

¿Os imagináis yendo a una taquilla de cine, y que el empleado os dijese: “El cine son 6′50, más 0,80 por tasas de alquiler de local y por mi sueldo”? ¿No os cabrearíais? Pues lo mismo están haciéndonos cuando compráis en internet.

La empresa se ahorra dinero y encima te cobra más. El chollo del siglo. Y nosotros como borreguitos vamos tragando.

 
 

Dejando los videojuegos Lunes, 3 de Noviembre de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 7:07 pm

Hace un tiempo, revisando un post de historia de los videojuegos, me di cuenta de una cosa: desde pequeñito, he estado ligado al mundo de los videojuegos. En el año 78, con seis años, en un descuido de mis padres, me fui a dar una vuelta por el pueblo y acabé toda la tarde encerrado en un bar viendo como jugaban al space invaders. Iba con mi hermano pequeño, de tres años, y el pollo que se montó (patrulla de búsqueda incluida) fue tremendo. La cosa debió gustarme, porque a los diez años diseñaba videojuegos con madera, papel y cartón, y me pirraba por las máquinas de sprites fijos en las que tenías que intentar que un submarino esquivase las cargas de profundidad, o ayudar a que un mecánico terpase dos pantallas de cristal líquido para acabar con un mono que lanzaba barriles.

Sin embargo, desde el año 2000 no he jugado a ninguno de los juegos que comentaban en la página. Creo que sobre esa época debí desconectar; quizá un poco más tarde, porque los últimos juegos que recuerdo fueron el Battlefield 1942 -con el que estuve enganchado un par de años- y el IL2: Forgotten Battles con el que gocé como un enano, además conocer a gente extraordinaria gracias a él.

Ahora sólo juego a juegos flash: sirven para desconectar un rato, son divertidos, y hay verdaderas maravillas como el Vector Tower Defence o el N-Way of the Ninja, del que ya hablé en su día. Rápidos, divertidos y no te quitan tiempo. Juegos para el gran público, que no requieren esa dedicación inicial necesaria en todos los juegos “de verdad” para empezar a sacarles partido y a gozar. Eso sí, algunos de ellos te pueden tener viciado mucho tiempo con cosas tan tontas como matar glooples con un cuchillo que ocupa media pantalla.

En cuanto a los juegos “de verdad”, lo cierto es que no los hecho nada de menos. No tengo tiempo para dedicarme a jugar: demasiados proyectos fuera del ordenador, demasiados amigos para ver, un mar inmenso esperando que lo navegue y una lista larguísima de temas pendientes hasta que sea profesor.

Era divertido, pero casi que lo voy a aparcar hasta que me jubile.

 
 

Migrando a Zoho Martes, 21 de Octubre de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 10:56 am

Tengo casi todo en google: correo, documentos, calendario. Si pillase mi cuenta una agencia terrorista, o mi ex, estaría frito. Así que desde hace un tiempo llevo en mente el diversificar servicios para que un sólo proveedor no tenga mucha información sobre mi.

Hace unos días, en el blog de Enrique Dans (de algo tenía que servir el chiquillo) oí hablar de Zoho. Lo probé, estuve unos días mariconeando a ver si daba un servicio más o menos decente, y cuando comprobé que me podía apañar decidí migrar todos mis documentos de google Docs a Zoho. El plan de migración fue simple: bajarme los documentos uno a uno y subirlos otra vez uno a uno, guardándolos en las carpetas correspondientes y añadiéndoles los mismos tags. Tengo unos doscientos documentos así que ha sido un tremendo coñazo, pero he tenido a cambio la satisfacción del deber cumplido: google no tendrá más documentos míos. En esos documentos guardaba cuentas, los relatos que escribo, notas varias… Demasiada información personal para tan pocas y tan sucias manos.

Desde entonces lo he usado bastante, y aunque no me gusta tanto como gDocs (supongo que la fuerza de la costumbre también hará mucho) me da un servicio perfecto para editar online. Si queréis seguir mis pasos y huir de La Bestia, os lo recomiendo. Si no, luego no me vengáis llorando y diciendo que si google esto que si google lo otro. Si acabáis jodidos, que sepáis que se llama selección natural.

 
 

Contestando a las encuestas Martes, 14 de Octubre de 2008

Archivado en: cajón de sastre — yabu @ 1:02 pm

Tengo una teoría respecto a las encuestas, y que es muy simple:

  • Las encuestas se hacen para favorecer al encuestador, no al encuestado

Por poner un ejemplo: cuando alguien te pregunta qué es lo que más aprecias de un producto, la empresa que fabrica el producto lo usará para mejorar su marketing (o su producto). Es el objetivo principal. No quiere que tú tengas un producto mejor, sino obtener mayores beneficios.

Conozco casos en los que responder a una encuesta ha perjudicado al encuestado. Por ejemplo, un banco que daba ventajas especiales al contratar un producto y que, como las encuestas decían que la gente no era consciente de que las daban, retiró la ayuda. Hay otros casos en los que supongo esa perjudicialidad, aunque sin pruebas. No creo que las encuestas telefónicas que se encargan en las elecciones (por ejemplo, para saber en qué provincia se vota más a un partido o a otro) sirvan al elector, sino al político para hacer más eficaz su campaña.

Por todo esto, no contesto nunca a las encuestas. Si lo hago, miento. Ni siquiera respondo la encuesta del censo (¿vosotros os fiais de que se le vaya a dar buen uso, insensatos?)

Sin embargo, esta mañana he tenido una conversación con mis compañeros de trabajo donde uno de ellos ha hecho una puntualización importante: a veces, lo que quiere el encuestador (empresa o institución) coincide con lo que nos viene bien a nosotros. Si contestamos a las encuestas, conseguimos que el encuestador pueda hacer cosas que nos interesen a los dos, en vez de dar palos de ciego. Con esa actitud, salimos ganando todos.

Me ha parecido una reflexión muy interesante y ahora ya no tengo claro qué actitud tomar. ¿Es mejor no contestar a las encuestas, y dejar que el encuestador vaya dilapidando recursos para conseguir sus objetivos? O por el contrario, ¿deberíamos contestar a las encuestas, para que el sistema sea más eficiente, suponiendo que, aunque a veces nos perjudique, salimos ganando? Tremenda duda filosófica sobre un tema trival y cotidiano.

Se admiten comentarios. Se agradecen, incluso.

PD-He estado teniendo algunos problemas en la notificación del correo (por la que me entero de los comentarios) así que, si veis que alguno se ha quedado sin responder, seguramente sea porque ni siquiera me he enterado. Aunque también podría ser porque no tuviese nada más que añadir.