Empezando el año Jueves, 5 de enero de 2012
2011 ha terminado. El penúltimo año de la historia, según el calendario maya.
Celebramos el cambio de año. No es más que un punto arbitrario en el tiempo que hemos elegido como podríamos haber elegido cualquier otro. Aun así, es importante. Lo es porque al fin y al cabo la importancia y la significación es algo que asignamos los seres humanos a las cosas, no una cualidad de las cosas en sí. Y lo que le asignamos a este punto en el tiempo es la significación de un cambio de etapa, la ilusión de la apertura de un nuevo ciclo y la reflexión sobre el tiempo que se nos ha ido.
Es un poco extraño celebrar un cambio ese día concreto, cuando no coincide con ningún otro ritmo de los que llevamos los seres humanos. Sería más lógico celebrarlo en un cambio de estación, al pasar del frío del invierno a la promesa de la primavera. O celebrarlo al final (o al comienzo) del curso escolar, cuando sí que hay realmente un cambio en las rutinas del día a día de las personas —al menos para los que tenemos hijos o para los que todavía son niños o estudiantes—. He estado mirando un poco y he averiguado que los romanos celebraban el año nuevo el 25 de marzo, que fueron ellos quienes lo cambiaron al uno de enero, y que hay una diversidad cultural enorme en la celebración del fin de año (podéis haceros una idea mirando aquí y aquí) Aunque parece que lo que es universal es la celebración de un cierre y un comienzo de ciclo.
Lo que quiero compartir con vosotros en este post es una reflexión sobre lo que me sucedió el año pasado y sobre lo que espero de este nuevo año. Cosas que os sonarán a los que me hayáis ido siguiendo desde que volví a escribir en abril, y que espero que me sirvan (como todos los posts de mi blog) para aclararme yo mismo un poco más y centrar mis ideas.
¿Qué es lo que ha sido para mi 2011? Creo que es un año que se define por tres cosas: un cambio de etapa, una necesidad de maduración y un cambio de foco.
El cambio de etapa se ha dado en varios niveles. A nivel profesional, mi empresa fue absorbida y me hizo caer en el Vortex (donde aún permanezco pero llevándolo con más dignidad). A nivel familiar: hemos pasado de una época en la que nuestra hija era un bebé muy apegado a su madre a otra en la que es una niña y empieza a abrirse al mundo, al colegio, a otras personas y actividades. También se ha consolidado la ruptura que había con mi familia materna; no tengo apenas relación con ellos y parece que la cosa va a seguir así por mucho tiempo. Y a nivel de amistades: me he dado cuenta de que se han apagado definitivamente las relaciones que tenía con mis antiguos amigos. Tabula rasa: con mis casi cuarenta años no tengo amistades, no tengo gente con la que me relacione habitualmente, empiezo de cero. Un cambio de etapa en ese aspecto que sólo se ha iniciado y que aún no lleva a ninguna parte.
La necesidad de maduración ha venido por el miedo a la muerte. Gracias a una monja budista (a la que todavía no sé si mandar a la mierda o agradecérselo) me he enfrentado cara a cara con mi propia mortalidad. Aunque intelectualmente sabía que voy a morir, me he dado cuenta a un nivel más interno, más emocional. Soy capaz de ver como pasa el tiempo y la mella que va haciendo en nosotros. Nuestra propia mortalidad es algo que inconscientemente dejamos de lado en nuestro día a día, actuando como si fuéramos a vivir para siempre. Yo ahora ya no puedo hacerlo. Páginas como esta me hacen estremecerme ante la inexorabilidad del paso del tiempo. Este miedo me ha hecho plantearme para qué sirve mi vida, hacia dónde voy. Me ha hecho madurar y me ha embarcado en un proyecto en el que intento dotar de sentido a mi vida, tomar las riendas y convertirla en algo significativo; algo que, aunque no cambie el mundo, sirva para que me sienta orgulloso de ello en mi lecho de muerte. Empiezo a ver algunas cosas, como por ejemplo que una vida con sentido tiene que estar centrada de un modo u otro en ayudar a los demás. Pero todavía es sólo un proyecto, una necesidad a cubrir más que algo en lo que poder avanzar.
El cambio de foco ha venido por el inicio del colegio de mi niña y por su apertura al mundo. Su madre y yo llevamos un estilo de crianza respetuosa; el que he descubierto desde su nacimiento y que me parecía más normal conforme más leía y me informaba sobre ello. Sin embargo, cuando mi hija se ha relacionado con otras organizaciones y otras personas me he dado cuenta de que lo que vemos como sentido común no es más que una excepción. La gente es muy bruta con los niños, no los intentan entender ni son conscientes de sus posibilidades y sus carencias temporales. He sufrido mucho viendo cómo los tratan la sociedad y las personas, hasta sus propios padres, y como consecuencia de ese sufrimiento me he centrado en ellos. Como ya expliqué en su día es algo que creo que va a tener un largo recorrido, de hecho forma parte de mi propósito de vida. Sin embargo este cambio de foco es algo todavía más intelectual que práctico, ya que sigo sin tener ni la menor idea de cómo ayudar a los niños con mis capacidades actuales. Pero estoy avanzando hacia allí, y a alguna parte llegaré tarde o temprano. También se ha producido otro cambio importante: antes pensaba en ser profesor por el horario, por la comodidad, por el sueldo. Ahora quiero ser profesor porque quiero estar con niños y ayudarles a aprender y a crecer. Estoy empezando a amar la profesión, a leer sobre el tema, a pensar en serio en la enseñanza. Tengo ganas de intentar poner en práctica todas las ideas que estoy descubriendo sobre la buena educación, aunque suponga renunciar a parte de mi tiempo libre y de mi dinero. La enseñanza está empezando a ser algo por lo que vivir más que algo de lo que vivir.
Eso ha sido, de forma significativa, lo que me ha deparado el año. Me decidí a actualizar un documento con los hechos relevantes que me iban pasando cada año, y allí hay apuntados mil detalles mayores y menores de lo que ha ido sucediendo: la muerte de mi periquito, el cambio del sofá del comedor, los viajes y salidas, el cambio de puerto de mi barco… Pero, personalmente, los cambios que han hecho que vea el mundo de otra forma y que van a afectar de forma permanente a mi relación con la vida son los que os he comentado en los párrafos anteriores.
¿Y para este año? ¿Que es lo que espero conseguir?
Como objetivos principales, me he marcado tres. Aprendí que los objetivos principales tienen que ser cosas que, de conseguirlas, van a cambiar tu vida de forma significativa. Pueden haber otros objetivos secundarios, pero conseguirlos no van a suponer un cambio cualitativo. Por ejemplo: en mis objetivos secundarios para este año está aprobar el First Certificate para obtener la capacitación de enseñanza en inglés. Es algo importante, que va a hacer que avance en mis planes, pero que no va a suponer un cambio radical si lo consigo o si no lo hago. Sin embargo, uno de mis objetivos principales es tener otro hijo. El tener o no otro hijo lleva a dos vidas totalmente diferentes, supone un cambio de rumbo importante para el futuro: por eso es un objetivo principal.
Los que he elegido para este año son estos tres:
- Averiguar y centrar el sentido de mi vida. Ahora es algo difuso, que todavía no tengo internalizado, y que sólo se refleja de forma bastante débil en las acciones y decisiones de mi día a día. Tener claro cual es el sentido de mi vida puede suponer un foco de energía enorme, algo que me ayude a centrar mis esfuerzos en aquello que sea verdaderamente significativo para mi y a poder trabajar y organizarme de forma mucho más motivada, sabiendo que avanzo en la dirección correcta. No sé todavía demasiado bien qué haré para conseguirlo: tengo en mente leer libros sobre el tema, asistir a sesiones con un coacher profesional… Pero espero poder avanzar bastante en este aspecto de una u otra forma.
- Tener otro hijo. Esto debería resultar bastante fácil: en principio no hay más que follar como locos. Sin embargo, con el estilo de vida que llevamos ahora nos resulta complicado; tenemos el corazón y las fuerzas centrados en otras cosas: la crianza de nuestra hija, el día a día que es agotador… Tenemos que encontrar tiempo para nosotros, para mimarnos y volver a darle importancia a nuestra vida como pareja además de como padres. Y cuando el nuevo hijo esté en camino habrá que prepararse para recibirlo, tanto en el espacio físico como en el espacio emocional y en las rutinas. diarias Todo esto es algo lo suficientemente importante como para que sea uno de mis objetivos para este año.
- El tercero es relacionarme con gente que comparta mi visión de crianza y de educación. Para mi el mundo de los niños es algo nuevo, y necesito construir una red de relaciones con gente afín que me ayude a tener visiones más profundas sobre el tema y a poder empezar a poner en práctica todo lo que estoy aprendiendo, ayudando a los demás de una forma u otra si es posible. Esa red de relaciones me va a ayudar a convertirme en lo que espero llegar a ser, un experto en crianza y educación alternativas, además de la satisfacción que produce de por si relacionarse con personas afines y que, en este caso, suelen tener puntos de vista bastante abiertos.
Así que ya sabéis sobre qué temas os voy a dar el coñazo a partir de ahora con mis posts. Dentro de un año, si los mayas estaban equivocados y el mundo todavía sigue girando, veremos hasta dónde he podido llegar.
Me encantaría saber cuales son los planes que os habéis propuesto vosotros. ¿Habéis pensado algo?
Leave a Reply