Perdiendo energía Jueves, 26 de enero de 2012
Llevo una temporada con la energía bastante baja. Me noto cansado, con sueño. A la hora de razonar es como si mi mente estuviese nadando en una especie de piscina de melaza. Es el estado totalmente opuesto a esos momentos en el que nos notamos vivos, desbordantes, cuando nos resulta fácil dar una respuesta brillante y acertada y conseguimos aguantar horas y horas a un ritmo frenético sin que parezcamos acusarlo. Ahora mismo lo único que me apetece hacer es echarme en la cama y descansar unas cuantas horas; y después, pasar uno o dos días tumbado en un sofá delante de una chimenea bien tapado con una manta y pertrechado con unos cuantos libros que no me hagan pensar demasiado.
El estar así me ha llevado a reflexionar sobre la cantidad de energía que tienen algunas personas de forma natural y la relación de esa energía con las posibilidades de alcanzar el éxito. Hay personas que parecen infatigables, se mueven por la vida con una energía arrolladora a todos los niveles. Duermen poco, hacen mucho, siempre están pensando nuevos proyectos y trabajando sin cesar. Además, hacen todo esto sin estrés, de forma natural. Como si dentro de ellos hubiera un motor mucho más potente que el que mueve al resto de seres humanos.
Lo primero que me gustaría saber es si esa energía es un atributo físico de cada persona con el que tenemos que convivir, como la altura o el color de los ojos, o es algo que construimos a partir de las decisiones que tomamos.