Tirando los apuntes Viernes, 30 de septiembre de 2011
Hace años que la cama en la que dormía en casa de mis padres dejó de ser mi cama. La elegí yo mismo cuando tenía dieciocho años y vinimos a vivir a Valencia. Recuerdo que mis padres nos llevaron a un recorrido por las tiendas de muebles de la antigua carretera de Barcelona, y dejaron que decidiésemos cuales iban a ser los que compráramos para nuestro cuarto. Vistos ahora, los que elegí yo me parecen tan feos que tendrían que haberme hecho caso omiso y haber comprado algo más decente, pero supongo que por aquel entonces me parecieron lo más bonito que podía tener en mi habitación; era joven e inexperto y había vivido menos que el tiempo que ha pasado desde entonces hasta ahora.
Una de las condiciones que nos pusieron para elegir los muebles fue que tuvieran unos cajones debajo de la cama que sirvieran como un espacio extra de almacenaje. Tanto mi cama como la de mi hermano tuvieron pues cajones, que con los años se fueron llenando de los trastos que menos necesitábamos tener a mano, ya que el acceso a ellos era un poco difícil.
Con el pasar de los años me fui de casa, y ahí quedaron esos trastos olvidados hasta hace unas semanas. Mis padres se han mudado y necesitaban vaciar el piso, así que me llamaron para que me ocupase de todos aquellos trastos que no me había ido llevando ya a lo largo del tiempo.