quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

Encontrando un propósito Miércoles, 31 de agosto de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 2:15 pm

“Mucho ocio conlleva mucha responsabilidad”. Leí esa frase hace tiempo, en un post de Lector Constante en el que comentaba que le acababan de despedir. Cuando la leí me pareció algo gracioso, sobre todo por el contexto en el que la había escrito. Lo que no sabía es la gran sabiduría que encerraba. Me estoy dando cuenta ahora, cuando estoy más ocioso de lo que he estado nunca. Además, el ocio del que disfruto no es un ocio corriente: es un ocio obligatorio. Tengo que sentarme delante de un ordenador durante siete horas sin absolutamente nada que hacer, con la mente en blanco, un navegador y una conexión a Internet. El paraíso para algunos. Pero tiene sus trampas, creedme.​

Estar ocupado es muy sencillo. Si tienes obligaciones ineludibles que hacen que tengas la mente trabajando en algo —desde tonterías como serrar un trozo de chapa a problemas complejos como diseñar una nave espacial— no tienes que preocuparte de nada más: centras tus pensamientos en la tarea, posiblemente a ratos reniegues un poco si lo que haces no te satisface del todo, y vas solucionando uno tras otros los pequeños problemas que se te van planteando. Planificas llamadas, archivas documentos, eliges herramientas. La mente está diseñada para resolver problemas y se enfrasca con facilidad en ello. Si el ritmo de trabajo tiene incluso un poco de estrés, es todavía más fácil entrar en ese estado en que tienes la mente totalmente centrada en ir resolviendo los problemas que se te presentan. Luego terminas tu jornada laboral, vuelves a casa, te dedicas a tus pequeños ocios en el poco tiempo que queda libre. Tu día se ha llenado y no has tenido que plantearte nada más.

El problema es cuando no tienes nada que hacer. Tienes libertad absoluta para hacer lo que te parezca, sin más que algunas limitaciones. En mi caso el interfaz (todo tiene que ser a través de un ordenador). En otros casos, como por ejemplo si estás jubilado, pueden ser el dinero o la salud. La cuestión es que tienes una enorme cantidad de tiempo disponible para ti. Es algo que no es natural, porque desde que nacemos estamos acostumbrados a tener la mayoría de nuestro tiempo ocupado. Cuando somos muy pequeños nuestra actividad está muy dirigida: nos llevan al parque, nos llevan en el carrito a pasear o a comprar. Después viene la guardería, donde nos comienzan a ocupar con actividades, aunque sean pinturas y juegos; viene la escuela, donde estamos casi todo el día ocupados; viene la universidad; viene un trabajo donde tenemos que estar a disposición de lo que nos pidan nuestros superiores. Son pocos los momentos que tenemos sólo para nosotros, para llenarlos con lo que nos apetezca.

Cuando tienes tanto tiempo libre como el que tengo ahora, al principio es divertido: puedes leer todos los blogs del mundo, surfear sin preocupaciones por Internet. Puedes bucear entre informaciones irrelevantes o leer sesudos artículos sobre cualquier tema mayor o menor. Incluso puedes leer algunos libros que te apetecía leer, adquirir nuevas habilidades (aprender algún lenguaje de programación nuevo, incluso hacer algún curso a distancia). Pero llega un momento en el que te preguntas: ¿qué estoy haciendo? ¿Para qué lo estoy haciendo? ¿Qué me aporta leer esta noticia, aprender Ruby o Python, escribir estos relatos? ¿Estoy usando correctamente mi tiempo? ¿Me esta llevando todo esto a alguna parte?

Creo que eso es lo que me ha estado minando todo ese tiempo. Tanto ocio ha hecho surgir, al principio de forma inconsciente y luego de forma cada vez más clara, la pregunta esencial: ¿Cual es el verdadero propósito de mi vida? Es sencillo eludir esa pregunta cuando estás ocupado, pero cuando estás ocioso tarde o temprano llegará el momento en el que tengas que enfrentarte a ella. El mío ha llegado. Tengo esa pregunta frente a mi, reclamando ser contestada desde lo más profundo de mi ser.

¿Cual es el verdadero propósito de mi vida?

Y no tengo respuesta.

Puedo enumerar cosas que me agradan. Puedo hacer una lista de cosas que me gustaría hacer, una lista de cosas que jamás haré. Una lista de personas a las que quiero. Pero soy incapaz de contestar a esa pregunta de una forma estructurada. ¿Para qué estoy viviendo? Si muriese mañana, o la semana que viene: ¿podría dar mi vida por aprovechada? Si pudiese volver atrás cinco o diez años, ¿dedicaría mi tiempo a lo mismo que lo dediqué entonces? Y lo qué es más importante: dentro de cinco, de diez años: ¿todo este tiempo libre lo daré por aprovechado o por perdido?

¿Cual es el verdadero propósito de mi vida?

Tengo que buscar la respuesta a esa pregunta. Mientras tanto, estaré atascado. Haga lo que haga no sabré si lo que estoy haciendo es lo que tengo que hacer, si esa es la dirección correcta a la que debo dirigir mi vida. Me recuerda esa conversación de Alicia en el país de las Maravillas, cuando Alicia habla con el Gato de Cheshire:

— Gato de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
— Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar – dijo el Gato
— No me importa mucho el sitio… – dijo Alicia.
— Entonces tampoco importa mucho el camino que tomes – dijo el Gato.

A mi si me importa donde quiero llegar. Así que tendré que elegir bien el camino.

2 Comments for this post

Camarada Bakunin Says:

Hmmm, no sé si mi nihilismo pinta algo aquí pero… ¿tú estás seguro de que la vida tiene o ha de tener un propósito? ¿Y qué es más importante: el camino o el destino?
Personalmente, creo que la vida es mucho más absurda —si cabe— de lo que parece. Creo que sólo somos briznas de hierba en un vendaval. Por momentos puede parecernos que podemos dirigir nuestro vuelo a través de él pero es un espejismo.
Ejem, espero no amargarte la tarde con este comentario. Un abrazo. ;)

yabu Says:

Camarada, pensamos igual. La vida no tiene ningún propósito, tan sólo tenemos que intentar disfrutarla lo más posible. Pero, para disfrutarla, necesitas saber qué te hace feliz. Qué es lo que deseas de verdad, en qué situaciones disfrutarás y en cuales te sentirás vacío. Eso es lo que estoy buscando, saber qué es lo que me hace feliz. Lo que estoy buscando no es un propósito entendido como meta final sino como una forma de vivir la vida.

Además, también coincido con Viktor Frankl en su idea principal de que, cuando los seres humanos tenemos una meta, somos más felices. Eso sí, una meta construida desde el nihilismo: sin restricciones previas, creada desde cero por nosotros mismos.

Es cierto que dependemos de las circunstancias, y que muchas veces nuestra capacidad de reacción es limitada. Pero lo que sí que me gustaría es aprovechar bien las decisiones que podamos tomar, sean mucas o pocas, y eso no se puede hacer si no sabes qué es lo que te hace feliz.

Vamos que no me has amargado la tarde :)

Leave a Reply