Ignorando la ignorancia Jueves, 26 de mayo de 2011
El mundo es más complejo de lo que nos pensamos.
Tendemos a simplificar las cosas a la hora de analizarlas. Debe de ser una tendencia natural del ser humano, lógica por otra parte, ya que de lo contrario no podríamos entender absolutamente nada de lo que nos rodea. Si vemos una puerta, vemos una puerta: se abre, se cierra, aprendemos a utilizarla y no vamos más allá. Es natural actuar así, ya que en casi todos los aspectos del mundo somos simples usuarios: nos basta un conocimiento hasta cierto punto superficial que nos permita utilizar las cosas a nuestro favor.
Pero llega un día en que queremos ser más que usuarios. Queremos modificar las cosas, cambiarlas, mejorarlas. Queremos pasar de usuarios a diseñadores o ingenieros. Querer hacer esto también es natural, porque los seres humanos tenemos una tendencia innata desde el inicio de los tiempos a modificar el mundo para conseguir que nuestra vida sea más grata, y esa tendencia, junto con la capacidad para llevarla a cabo, es la que nos ha hecho ocupar la posición que ocupamos ahora mismo como especie dominante del planeta si no contamos a las cucarachas.
Aquí es donde empieza el problema, porque los conocimientos que tenemos como usuarios no son suficientes para modificar el mundo. Cuando se quiere diseñar una puerta no basta con saber que se abre y se cierra: hay que conocer qué tipos de bisagras hay disponibles, qué materiales se usan para construir una puerta, qué características tienen los cierres, incluso por qué los pomos se ponen a la altura que se ponen. No soy diseñador de puertas (por suerte o por desgracia) pero estoy seguro que la complejidad del diseño de una puerta es mucho mayor que la de su uso. Cualquiera -bueno, casi cualquiera- sabe usar una puerta, pero el 99% de la población no sabría cómo diseñar una puerta en condiciones.
Y lo gordo del problema está aquí: el 99.9% de la población piensa que sí que sabría diseñar una puerta. O gobernar un país. O entrenar un equipo de fútbol. O lo que sea.
Leí hace un tiempo acerca de la ignorancia de segundo orden. La ignorancia de primer orden se produce cuando no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: ni idea. Ignorancia de primer orden: me preguntan y no lo sé. Ahora bien, la ignorancia de segundo orden es peor todavía porque se produce cuando no sabemos que no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: cinco millones. No tienes ni idea pero actúas como si la tuvieses, o no te dedicas a informarte para cubrir los huecos que te produce esa ignorancia porque piensas que ya lo sabes todo. Esa ignorancia es todavía más peligrosa que la de primer orden. Lo malo es que me da la impresión de que esta ignorancia de segundo orden está aumentando cada día. Voy a sacar mi espíritu de abuelo cebolletas y voy a decir que en parte la culpa es de Internet: tenemos tanta información que nos permite conocer cosas de forma superficial que pensamos que conocemos de verdad algo cuando no es así.
Yo soy el primero que he caído en este tipo de ignorancia, lo reconozco. Muchas veces. Por suerte, parece que se me va curando con la edad y, sobre todo, con la lectura. Creo que empiezo a entender lo que quería decir Sócrates con lo de ”sólo sé que no se nada”. Si, lectores y lectoras, es así. Pero yo aún voy a llegar más lejos: no sólo yo no sé nada, sino que vosotros y la mayoría de la gente tampoco.
Por favor, huid de la ignorancia de segundo orden. Cuando queráis cambiar el mundo, cuando penséis que algo puede mejorar de forma evidente, leed. Leed al menos algo introductorio sobre el tema, para que os podáis hacer a la idea de la complejidad del campo donde os estáis metiendo. Enseguida os daréis cuenta de que miles de personas a lo largo de los años han colaborado en ese campo, han tenido y descartado ideas y enfoques, y si no tenéis al menos una perspectiva mínima sobre el tema lo único que haréis será cagarla o, con mucha suerte, acertar de casualidad sin saber por qué.
Es fácil opinar, lo difícil es emitir una opinión informada, original y práctica. Es fácil echarse a la calle a pedir cosas, pero es más difícil saber hacer peticiones razonables.
Leave a Reply