quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

 

Ignorando la ignorancia Jueves, 26 de mayo de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 2:27 pm

El mundo es más complejo de lo que nos pensamos.

Tendemos a simplificar las cosas a la hora de analizarlas. Debe de ser una tendencia natural del ser humano, lógica por otra parte, ya que de lo contrario no podríamos entender absolutamente nada de lo que nos rodea. Si vemos una puerta, vemos una puerta: se abre, se cierra, aprendemos a utilizarla y no vamos más allá. Es natural actuar así, ya que en casi todos los aspectos del mundo somos simples usuarios: nos basta un conocimiento hasta cierto punto superficial que nos permita utilizar las cosas a nuestro favor.

Pero llega un día en que queremos ser más que usuarios. Queremos modificar las cosas, cambiarlas, mejorarlas. Queremos pasar de usuarios a diseñadores o ingenieros. Querer hacer esto también es natural, porque los seres humanos tenemos una tendencia innata desde el inicio de los tiempos a modificar el mundo para conseguir que nuestra vida sea más grata, y esa tendencia, junto con la capacidad para llevarla a cabo, es la que nos ha hecho ocupar la posición que ocupamos ahora mismo como especie dominante del planeta si no contamos a las cucarachas.

Aquí es donde empieza el problema, porque los conocimientos que tenemos como usuarios no son suficientes para modificar el mundo. Cuando se quiere diseñar una puerta no basta con saber que se abre y se cierra: hay que conocer qué tipos de bisagras hay disponibles, qué materiales se usan para construir una puerta, qué características tienen los cierres, incluso por qué los pomos se ponen a la altura que se ponen. No soy diseñador de puertas (por suerte o por desgracia) pero estoy seguro que la complejidad del diseño de una puerta es mucho mayor que la de su uso. Cualquiera -bueno, casi cualquiera- sabe usar una puerta, pero el 99% de la población no sabría cómo diseñar una puerta en condiciones.

Y lo gordo del problema está aquí: el 99.9% de la población piensa que sí que sabría diseñar una puerta. O gobernar un país. O entrenar un equipo de fútbol. O lo que sea.

Leí hace un tiempo acerca de la ignorancia de segundo orden. La ignorancia de primer orden se produce cuando no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: ni idea. Ignorancia de primer orden: me preguntan y no lo sé. Ahora bien, la ignorancia de segundo orden es peor todavía porque se produce cuando no sabemos que no sabemos algo. ¿Población de Bolivia?: cinco millones. No tienes ni idea pero actúas como si la tuvieses, o no te dedicas a informarte para cubrir los huecos que te produce esa ignorancia porque piensas que ya lo sabes todo. Esa ignorancia es todavía más peligrosa que la de primer orden. Lo malo es que me da la impresión de que esta ignorancia de segundo orden está aumentando cada día. Voy a sacar mi espíritu de abuelo cebolletas y voy a decir que en parte la culpa es de Internet: tenemos tanta información que nos permite conocer cosas de forma superficial que pensamos que conocemos de verdad algo cuando no es así.

Yo soy el primero que he caído en este tipo de ignorancia, lo reconozco. Muchas veces. Por suerte, parece que se me va curando con la edad y, sobre todo, con la lectura. Creo que empiezo a entender lo que quería decir Sócrates con lo de ”sólo sé que no se nada”. Si, lectores y lectoras, es así. Pero yo aún voy a llegar más lejos: no sólo yo no sé nada, sino que vosotros y la mayoría de la gente tampoco.

Por favor, huid de la ignorancia de segundo orden. Cuando queráis cambiar el mundo, cuando penséis que algo puede mejorar de forma evidente, leed. Leed al menos algo introductorio sobre el tema, para que os podáis hacer a la idea de la complejidad del campo donde os estáis metiendo. Enseguida os daréis cuenta de que miles de personas a lo largo de los años han colaborado en ese campo, han tenido y descartado ideas y enfoques, y si no tenéis al menos una perspectiva mínima sobre el tema lo único que haréis será cagarla o, con mucha suerte, acertar de casualidad sin saber por qué.

Es fácil opinar, lo difícil es emitir una opinión informada, original y práctica. Es fácil echarse a la calle a pedir cosas, pero es más difícil saber hacer peticiones razonables.

 
 

Viviendo al día Miércoles, 18 de mayo de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 1:27 pm

El futuro, hasta cierto punto, es impredecible. Cualquier apuesta a largo o medio plazo es cuanto menos arriesgada: puede que tus esfuerzos se vean frustrados por fuerzas externas que escapen a tu control, que hagan que de repente tus planes se vayan al garete sin dejarte nada a cambio.

Conozco una empresa donde hace poco se han vivido muchas situaciones de este tipo. No voy a decir que ha sido por la crisis, que eso ya está muy manido, sobre todo cuando la culpa principal ha sido la incompetencia de las personas que dirigían la empresa y que tomaron decisiones erróneas. La cuestión es que la situación empeoró bastante y se hizo necesaria una reestructuración. Ha habido salidas de la empresa, departamentos que desaparecen, traslados y defenestraciones. Con todo esto, mucha gente que había dedicado un esfuerzo importante para mantener un puesto de responsabilidad se ha quedado sin nada de un día para otro. Su carrera profesional se ha truncado sin previo aviso y han pasado a desarrollar puestos de perfiles muy básicos, de meros curritos. Otros, han tenido que cambiar de residencia si querían seguir haciendo algo parecido a lo que hacían antes, e incluso para no ir a la calle.

De súbito, todas las horas extras sin cobrar que hicieron, todas las preocupaciones que habían tenido esas personas por la empresa, es como si hubieran desaparecido. Es un esfuerzo que nadie les va a tener en cuenta. Supongo que algunas de esas personas también habrían dejado a un lado a la familia y sus aficiones para centrarse en el trabajo, esperando conseguir algo. Todas esas personas habían realizado una apuesta personal importante que va a quedar en nada. No sé si llegarán a sentirse menospreciados y engañados por la vida, pero sería lo normal.

No lo comento sólo por el tema laboral. Seguro que muchos conocéis situaciones parecidas que han hecho que algo que estaba construyendo una persona de repente se frustra por circunstancias ajenas a ella misma. Esto puede que nos suceda, o no, pero es algo con lo que tenemos que contar cuando nos embarcamos en algún proyecto personal de cierto recorrido.

La pregunta que me surge cuando reflexiono sobre todo esto es: ¿merece la pena hacer algún esfuerzo para conseguir algo, o por el contrario debemos rendirnos a la fatalidad y vivir al día? (Aprovecho este párrafo para despedirme de los fatalistas y de los nihilistas que en este punto deberían dejar de leer y arrojarse por el balcón para acabar con su sufrimiento en vista de lo negro del panorama)

Ante esta pregunta cada uno tiene que darse su propia respuesta. Por mi parte, creo que la clave es que, cuando hagamos algo, debemos plantearnos la siguiente pregunta: si ahora se fuese todo al traste, ¿habría merecido la pena?

Si escribo un libro y no me lo publican: ¿habrá merecido la pena?
Si construyo una casa con mis propias manos y un día un terremoto la tira abajo: ¿habrá merecido la pena?
Si trabajo veinte años para esa empresa y un día me tiran a la calle: ¿habrá merecido la pena?

El secreto es que el proceso nos aporte algo, independientemente del resultado. Que al final seamos mejores personas que al principio (con lo que quiera que signifique eso para cada uno de nosotros).

Si dedico un esfuerzo importante trabajando como un cabrón con la esperanza de que me hagan jefe en mi empresa, y luego no lo hacen por cualquier circunstancia, es muy posible que no haya merecido la pena. Si sólo buscaba el resultado, habrá sido tiempo perdido. Sólo habrá sido útil en el caso en que todo ese esfuerzo haya resultado gratificante en cierta medida, bien porque hayamos adquirido capacidades personales que valoramos, porque hayamos aprendido cosas que nos permitan abordar nuevos proyectos, etc. Si al final no llegamos a ninguna parte siempre nos quedará ese poso que habrá quedado en nosotros mismos.

Creo que eso es lo que hay que hacer para escapar de la fatalidad: implicarse en proyectos que de una forma u otra supongan una mejora personal tanto si triunfamos como si no, o al menos, que nos sirvan para disfrutar mientras los realizamos. Puede que algún día lleguemos a conseguir el éxito, puede que no lo logremos, pero estaremos contentos con nosotros mismos y con el tipo de persona en el que nos habremos convertido.

(Para todos los fatalistas y nihilistas que desoyendo mis indicaciones hayan llegado hasta aquí: aún siguiendo este consejo, al final moriremos y no habrá servido de nada. Ya saben dónde se encuentran sus balcones y las vías del tren más próximas a sus domicilios).

 
 

Siguiendo el camino del Zen Miércoles, 11 de mayo de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 1:08 pm

Cambio de trabajo. Esta vez, sin comérmelo ni bebérmelo. No cambio de empresa, sino que voy a ir a otro departamento, con otro jefe, otros compañeros y posiblemente actividades diferentes en el día a día. Todavía no sé bien dónde voy, porque las cosas aquí están bastante revueltas y esto es un caos. Por suerte, y a pesar de todo el barullo que hay a mi alrededor, permanezco ascético. Hace ya tiempo que estoy en modo Zen en la oficina y lo tienen difícil para estresarme.

El truco para estar en modo Zen es sencillo de contar —aunque supongo que sólo funcionará para empresas grandes porque en las empresas pequeñas la forma de trabajo debe de ser muy diferente—. Consiste tan sólo en dos puntos: el primero, tener claro qué es tu responsabilidad y qué no lo es. El segundo, evitar las responsabilidades.

El segundo punto es el más difícil de llevar a cabo, puesto que implica toda una filosofía de vida. Estamos en cierta forma programados para adquirir más responsabilidad. Pensamos que el éxito laboral consiste en llegar a los puestos altos de la jerarquía empresarial, ser jefe, tener buenos proyectos, dirigir algo. Es difícil que encontréis a alguien que piense que ha alcanzado el éxito cuando es un simple trabajador. Sin embargo el verdadero éxito (tanto en el trabajo como en cualquier otra actividad) es llegar a estar donde quieres estar. Por lo tanto, lo que hay que hacer es tener claro que tu puesto deseado en la empresa es el de un simple trabajador sin responsabilidades, y esto con nuestro condicionamiento previo es difícil. Implica que tienes que tener claro que tú estás en la empresa sólo por dinero y que en tu vida fuera del trabajo es donde te vas a realizar.

El primer punto también tiene su dificultad. Por ejemplo: te dicen que hay que entregar este informe mañana. En un principio, cuando te lo dicen, parece que te importa. Parece que es algo que realmente tiene trascendencia, te estresas, y piensas que el mundo se va a acabar si el informe no se entrega en el plazo. Si haces eso no estás siguiendo el camino del Zen. Si has conseguido cumplir el segundo punto y ser un simple trabajador, tu responsabilidad se limita a trabajar el 100% de tu  tiempo al 100% de tu capacidad. Por lo tanto tienes que tener claro que si el informe no está, mala suerte: haberlo pedido antes. Si una venta no se cierra porque hay algo que no se ha hecho a tiempo, si se toman decisiones incorrectas porque la información es insuficiente, pues mala suerte. El problema es que la gente que tiene responsabilidad —y que no eres tú— no han hecho bien su trabajo.

Por eso, aunque ahora está todo revuelto y la gente anda algo estresada, yo estoy al margen de todo. Cuando tenga que hacer algo, lo haré. Cuando tenga que decidir algo, lo decidiré. Pero lo que no voy a hacer es estresarme por decisiones incorrectas que han marcado otras personas, muchas veces sin criterio e intentando forzar las cosas más allá de lo que realmente es posible. Un verdadero maestro del Zen permanece impasible ante las cagadas de otros. Cuando algo no va a salir  simplemente dices: ”no va a dar tiempo”, y a su debido tiempo confirmas: ”no ha dado tiempo”, y dejas que el marrón caiga sobre otras cabezas.

No sé si en mi nuevo puesto intentarán darme responsabilidades. Espero que no, y si lo hacen, tendré que educar a mi nuevo jefe y a mis nuevos compañeros para que comprenda que yo en realidad soy un maestro Zen. No sé cuánto me costará pero lo conseguiré: una vez en el camino verdadero nadie te puede apartar de él si tienes las ideas lo bastante claras.

 
 

Miniescribiendo Lunes, 9 de mayo de 2011

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 2:33 pm

Hola, soy Yabu y no me aclaro con el twitter (te queremos, Yabu).

Carrera y media, un master, cientos de horas dedicadas a la programación… total para no saber entender una mierda de servicio de Internet en el que la idea básica es que los internautas —que ya quedamos en otro post que eran mediocres y sin interés, o algo peor que dije y si no lo dije pues lo pienso— escriben paridas comprimidas en 140 caracteres. Luego tienen amigos, o followers y followings, y hacen cosas como retuits y hay trendings y cosas moloning. Yo lo he probado, lo reconozco, hasta tenía cuenta y todo, pero no me entero de la misa la media. No sé si cuando dices algo y te contestan se ve como en los blogs, si tienes que ir a mirarlo, si te la pela que te contesten, y al final creo que puse un puñado de tuits y lo dejé por aburrido. Para escribir paridas y que nadie me conteste ya tengo este blog. Que sí, que las entradas de un blog costarán de elaborar más que un tuit de esos, pero es como cuando vas al cuarto de baño: te quedas más a gusto cuanto más grande es lo que vuelcas de ti mismo.

Luego esta el Feisbuk. Eso sí que lo he usado, en mi FirstLife que diría el Camarada. Lo malo de Feisbuk es cuando te das cuenta que el 90% de las personas que tienes agregadas son de la misma calaña que los internautas, a pesar de que son tus amigos, y de que el otro 10% no escribe nada, y entonces poco a poco te lo vas dejando que es lo que a mi me ha sucedido.

Así como el motor de los blogs era el compartir la mierda, la mierda en Feisbuk desaparece. Cuando abres una cuenta te deben de enviar instrucciones para cultivar tu propia marihuana y adjuntarte un surtido de semillas, porque allí dentro todo el mundo es feliz. Nadie se queja de nada, nadie tiene problemas, sólo pasan cosas maravillosas. No veréis en Feisbuk a nadie cagarse en la puta madre de nadie, decir que ha tenido un día de mierda y que lo único que quiere es mandar todo a pastar e irse a la cama, o incluso decir que está deprimido y tiene ganas de tirarse desde un balcón de altura >=5. Supongo que será debido a la falta de anonimato. Lo cual, por otro lado, indica que el mundo de lo que realmente está lleno es de mierda, y que lo único que hacemos es ocultarla cuando nos ven nuestros amigos y nuestro nombre está encima de la mesa. No sé si sabréis que el voto es secreto porque así es más libre. Hacemos lo que de verdad queremos sólo bajo la pantalla del anonimato, y en este caso el anonimato son los blogs. Creo que es mucho más real la mierda de los blogs que el happyflower de Feisbuk. De Tuiter ya he dicho que no puedo hablar porque a día de hoy sigo sin aclararme con él por lo que no tengo ni idea de cual es la tendencia general.

El problema de todo esto —y para mí es un problema porque prefiero con creces la entrada de un blog al uso y abuso de los microformatos— es que el Feisbuk y el Tuiter tienen la filosofía que empieza a imperar en Internet, y diría que no sólo ahí, sino en la vida en general: velocidad sin calentarse la cabeza. Eso de perder media hora escribiendo un post es una locura, una barbaridad, para qué hacerlo si en vez de eso puedo dedicar 30 segundos a escribir un tuit o poner algo en el feisbuk y me va a decir mucha gente que “le gusta” (ojo a lo de me gusta frente a ni siquiera un mínimo comentario) o me van a hacer muchos retuits. Para mí, la diferencia es la misma que hay entre tirarse un pedo e ir a cagar. Lo primero es rápido, indoloro y lo puedes hacer casi en cualquier parte, mientras que para lo segundo tienes que encontrar el lugar adecuado y dedicarle algo de tiempo.

Diría más aún: el declive de la prensa se debe a este mismo fenómeno; la gente no le dedica el tiempo necesario a hacer sus cositas, y por lo tanto el principal uso de los periódicos que era acompañarnos mientras estábamos en el cuarto de baño, ya no es necesario. Ahora nos apañamos con el acceso a Internet desde el móvil, y consultamos dos paridas rápidas donde antes leíamos un artículo de opinión. Y así va el mundo: ya no hay gente informada.

En fin, lo dejo aquí porque creo que el cuerpo me está pidiendo ir al servicio y mi subconsciente me delata. Que ustedes lo gocen bien y tan a gusto como yo suelo hacerlo.

 
 

Cargándose a Bin Laden Viernes, 6 de mayo de 2011

Filed under: ondo ibili maripili — yabu @ 10:01 am

Ultimas noticias, últimas noticias. Dicen que los Yueséi han conseguido encontrar y cepillarse a Bin Laden. Obama salta de contento, los periódicos se regodean, la justicia se ha quitado la venda de los ojos y está bailando una lambada.

Ja. Si sois tan ingenuos como para creeros eso, no me extraña que vuestros Planes de Dominación Mundial no vayan cara al aire.

Me refiero a que no es cierto que hayan acabado con Bin Laden. Mentira, señores, es mentira: eso no ha sucedido. No lo digo por el historial de bulos intragables que lleva a cuenta Estados Unidos desde hace tiempo, sobre todo cuando les interesa. No lo digo tampoco por lo extraño de la operación, por las lagunas en las explicaciones, ni porque se hayan desecho sospechosamente del cadáver. Lo digo porque hay algo que forma parte del corazón mismo de los Estados Unidos, algo que no podrían dejar de ser por más que se esforzasen desde aquí hasta su futura disolución en un mar de inmigrantes asiáticos. Son, ante todas las cosas, capitalistas. Y un capitalista no puede dejar de pasar un buen negocio.

¿Que cual sería el negocio si hubiesen matado de verdad a Bin Laden? Muy sencillo. No me refiero a vender armas a terroristas cabreados que buscasen venganza (es un negocio ya trillado en el que están metidos muchos países). No me refiero al viejo negocio de las figuritas coleccionables de marines y terroristas para que cualquiera pueda emular la operación en su casa, con un helicóptero a pilas (opcional). ​El negocio del siglo, señoras y señores, sería la venta del genoma de Bin Laden.

Piensenlo. Piensen cuánta gente estaría dispuesta a pagar por ello: jeques árabes que quisieran tener un recuerdo de su ídolo de la Jihad. Células terroristas que buscasen una mascota. Musulmanes adinerados que tuviesen problemas para tener hijos. Incluso estadounidenses con el deseo enfermizo de criar un pequeño Bin Laden para poder luego torturarlo y vengarse, o pederastas con gustos extraños a los que les pusiesen cachondos los turbantes y las barbas de chivo. Sería el negocio del siglo: un cadáver tiene millones de células y cada una de esas células se podría vender por un buen dineral. Y por qué no secuenciar el genoma, patentarlo, y poder vender cientos de miles de kits para fabricar nuestro propio terrorista en potencia. Con dos recortables de las torres gemelas de regalo.

¿Han visto ustedes alguna web donde ofrezcan este producto? ¿Algún anuncio en los periódicos explicando sus virtudes? ¿Un publireportaje insertado dentro de las noticias internacionales informando de lo genial que sería adquirir un pequeño Bin Laden? ¿No? Pues reflexionen: toda esta operación ha sido sólo un bulo más. Bin Laden debe estar descojonándose en un refugio infecto de las montañas de algún país acabado en -istán, riéndose tanto más cuanto más marihuana haya añadido a su cachimba.

Estados Unidos no dejaría pasar semejante negocio. Está más alla de su naturaleza. No, señoras y señores, piensenlo: yo no me creo nada.