Anunciando a Jesús Lunes, 19 de Enero de 2009
En una de las avenidas que tengo que cruzar de camino al trabajo hay una parroquia. Es una de esas parroquias encajadas en los bajos de un edificio moderno: fea, gris, la fachada sucia de tanto aguantar el humo de los automóviles. En esa fachada, desde hace bastante tiempo, hay colgado un cartel que también empieza a volverse negro del tráfico:
“JESÚS ES SALVACIÓN. CREE EN ÉL Y VIVIRÁS PARA SIEMPRE”
Nadie se fija en ese cartel; todos andan con prisa, atentos a los semáforos y a los coches. Sin embargo, eso no quita un hecho fundamental: ese cartel es publicidad; aún diría más: publicidad engañosa. Si los de actimel hiciesen algo parecido les caería un paquete tremendo, cortesía de la corporación por la defensa del sufrido consumidor o como se llame el organismo pertinente. Imaginaos: “Bebe actimel y vivirás para siempre, contiene bífidus activo” seguido de un asterisco que remite a unas letras diminutas de la etiqueta: “No vivirá para siempre en su forma actual sino como parte de otros organismos una vez su cuerpo se haya descompuesto”.
¿Por qué nadie se escandaliza del cartel de la iglesia? Pues por un principio de convivencia fundamental denominado “cada loco con su tema”. Y porque no hay un organismo defensor del sufrido creyente, que si no también se les caería el pelo.
Sin embargo, en unas cuantas ciudades los de la competencia van a poner un anuncio en los autobuses. Ni siquiera es tan categórico como el de la iglesia:
Probablemente Dios no existe
Deja de preocuparte y disfruta la vida
¿Por qué todos los católicos se escandalizan de eso? Deberían aplicar otra norma fundamental de convivencia, denominado: “o follamos todos, o la puta al río”. Que conste que es sólo una forma de hablar. Católicos, reflexionen sobre lo que acabo de contar pero no se deshagan todavía de sus putas; y menos de esa forma.
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