Reformando el capitalismo Jueves, 27 de noviembre de 2008
Mucho se habla últimamente de reformar el capitalismo. Todo el mundo discute de crisis financiera, que si reforma del sistema sí, que si reforma del sistema no. El problema es que casi nadie tiene ni puta idea de lo que es el capitalismo ni de como funciona el sistema (yo incluido).
Como no me gusta hablar sin tener ni idea de algo… bueno… no, la verdad es que me encanta. Digamos mejor que creo conveniente estar informado de lo que discuto, más que nada porque así la diversión es mucho mayor. Por lo tanto, me he dedicado a informarme un poco sobre las teorías liberales, el funcionamiento del mercado, etcétera, etcétera. Muy por encima, claro, porque para entender con profundidad el pifostio que hay montado haría falta un doctorado en economía, pero al menos quería conocer cuales son los principios básicos que rigen los mercados, y cuales son esas leyes fundamentales tan maravillosas que hacen (o deberían hacer) que todo funcione perfectamente sin que haya que estar controlándolo todo constantemente.
Buscando, buscando, he encontrado un artículo muy interesante que lo explica. Es un poco largo, así que lo podéis leer cuando estéis en el trabajo rascándoos los huevos como los monos, perdón, siendo no tan productivos como podéis serlo. Lo cuelgo entero por aquí mismo, porque estas cosas a veces desaparecen de la interné. Señora SGAE, o CEDRO, o quien corresponda: la reproducción es con fines didácticos, no gano dinero con esto, por favor déjenme tranquilo, no, no, por el culo no.
En fin, a lo que íbamos.
Voy a citar unos cuantos aspectos fundamentales del artículo y a hacer una crítica de lo que me parece el fallo fundamental de los mercados. Creo que es un problema de diseño, de que los objetivos del capitalismo no son los objetivos de las personas.
Para empezar, el capitalismo está basado en la teoría del equilibrio general. Un resumen muy básico sacado del artículo es el siguiente:
Cuando dos tipos de agentes, consumidores, que maximizan su utilidad, y empresas, que maximizan sus beneficios, se reúnen en una economía en la que hay información completa respecto de todas las mercancías; las acciones de los agentes afectan a los demás únicamente a través de los precios de mercado, y existen mercados para todos los bienes y servicios (presentes y futuros), los precios de mercado son capaces de coordinar las diferentes acciones individuales y de llevar a la economía a una asignación de recursos eficiente.
Vale: sin problemas, todos queremos una asignación de recursos eficientes. Pero el problema es que no queremos cualquier asignación eficiente. Como dice el artículo un poco más adelante:
Por ejemplo, tomemos una asignación en la que un individuo posee todos los recursos económicos, mientras que los demás no poseen nada. Esta asignación es eficiente pues no es posible mejorar a algunos individuos sin perjudicar a otros (en este caso al poseedor de todos los recursos). Evidentemente, la eficiencia de esta asignación no es suficiente para cualificarla como deseable desde el punto de vista social. Es, pues, obvio, que la discriminación entre las diferentes asignaciones eficientes es necesaria para singularizar situaciones en las que la sociedad en su conjunto se encuentre «satisfecha»
Por ejemplo: yo (Yabu) estaría mejor en un sistema con 5 agentes, que tuviesen 10 recursos cada uno (50 en total) que en un sistema que tuviese 5 agentes, uno con 46 y el resto con 1 recurso. Sin embargo, ambos serían igual de eficientes.
¿De qué depende que se alcance una u otra situación? Pues del estado de partida. Vuelvo a citar el texto:
En el funcionamiento del mecanismo competitivo, la asignación de equilibrio final depende esencialmente de cuál sea la distribución de partida de la sociedad, esto es, de cómo están distribuidos inicialmente los recursos y la propiedad de las empresas. Aquellos que parten de una mejor situación, acaban también en una situación más favorable en la economía de mercado
Entonces, lo que tenemos es lo siguiente: un mecanismo teórico que maximiza la eficiencia pero amplifica las diferencias.¿A dónde nos llevará, en el futuro, un sistema en el que pequeñas acumulaciones de recursos en el estado inicial producen grandes acumulaciones de recursos en el estado final? Aunque el sistema puede ser controlado para mejorar estas asimetrías—el mismo texto lo admite y da algunas ideas sobre cómo hacerlo— si hacemos caso a la sabiduría popular, podríamos aplicar el 3º teorema de mi abuela Catalina. Dicho teorema dice lo siguiente:
La cabra siempre tira al monte
Es decir, que acabaremos en el monte: en una sociedad con fuertes desigualdades, que es para donde tira la cabra.
Hablando en serio. Lo que tenemos es un sistema que amplifica las diferencias. Su equilibrio siempre va a tender a aumentar las discriminaciones, no a encontrar repartos justos. Lo malo es que cuando tenemos un sistema que tiende a algo, intentar regularlo es casi imposible. Aprovechará cualquier fisura, cualquier descuido, una crisis en los mecanismos de poder o una relajación del control para incrementar las desigualdades y seguir su tendencia natural. Es un sistema con el que tendremos que estar luchando constantemente para que funcione de una forma justa, y aún así, lo conseguiremos a duras penas.
Viendo esto, ¿qué es lo que deberíamos cambiar en la teoría económica? ¿Qué es lo que falla en el capitalismo, o más que eso, en la visión mayoritaria de los economistas actuales? Muy sencillo:buscan un sistema que sea eficiente. No que sea justo. No que sea socialmente aceptable. Simplemente buscan que se aprovechen los recursos al máximo, aunque se produzcan desigualdades.
La teoría del equilibrio general puede que funcione bien, pero no para lo que queremos. Hay que buscar otro camino. El capitalismo puro, los mercados, no pueden darnos un mundo en el que la mayoría de las personas estemos bien. Necesitamos un sistema que tenga como objetivo fundamental una distribución justa, no sólo eficiente, de la riqueza. Esa búsqueda debería ser el motor de la verdadera reforma del capitalismo. Y deberían buscar los economistas, que al fin y al cabo son los que más saben de esto.


