Naciendo otro día Martes, 28 de Octubre de 2008
Hace unos años, los suficientes como para no acordarme de cual de ellos fue, perdí un par de mañanas renovando mi carnet de identidad. Después de perder tiempo y dinero haciendo algo que no necesito y que sólo sirve para que otros me controlen, me entregaron mi nueva tarjeta. Habían cambiado el formato: el anterior era más grande, más blando y más azul, así que nada más recibirlo lo miré con curiosidad por todos lados. Gracias a eso me di cuenta de que habían puesto mal mi fecha de nacimiento: en vez del cuatro de octubre, habían puesto el 10 de octubre. Se lo comenté al policía que me lo había entregado
Yabu: —Oiga, que me han puesto mal la fecha de nacimiento
Policía agobiado: —Pues anda, acercate a ventanilla, haz cola otra vez y a ver que te dicen
Señorita agobiada: —Mira, chaval: para que te arreglen eso tienes que buscar tu partida de nacimiento, llevarla al ayuntamiento, entregar el impreso de…. (siguen una serie de trámites burocráticos enrevesados, que prefiero no comentar aquí)… y entonces nos lo vuelves a traer y hacemos el DNI de nuevo.
En ese momento estaba de trámites hasta la coronilla. Decidí no perder ni una mañana más con el tema: cuando renovase el carnet, al cabo de cinco años, pondría la fecha verdadera en el impreso de solicitud y confiando en que, con eso, la fábrica de carnets se diese cuenta del error y dejase las cosas como estaban.
Pasaron los años. Renové el carnet, puse, en el impreso, la fecha verdadera. Sin embargo, al recibir el carnet nuevo la fecha seguía siendo incorrecta: 10 de octubre. Si la vez anterior tenía pocas ganas de burocracia, esta vez tenía todavía menos. Lo dejé estar. Desde entonces, cada vez que me preguntan, digo que he nacido el cuatro de octubre. Cada vez que hay que escribirlo en alguna parte, lo escribo y lo firmo así. Jamás he mentido: es la administración la que miente. Son ellos los que se equivocan.
En todos estos años sólo he tenido un pequeño problema y es porque en mi pasaporte consta la fecha correcta y en el DNI, la errónea. Gracias a esta incoherencia de mi documentación casi me quedo detenido en Cuba para siempre (podría haber sido un peligroso disidente, supongo que lo comprendéis). A pesar de eso, resistí y no me entregué al viacrucis de la corrección de datos erróneos.
Han pasado los años. El error se ha ido propagando. El dato ha pasado a la universidad, a los ficheros de mi empresa, a mi seguro. En hacienda creen que he nacido el 10 de octubre. Cada tanto, sin embargo, descubro algo nuevo, algún fichero nuevo en manos de alguna administración o ministerio que recibe la nueva fecha, 10 de octubre, y reemplaza con esa fecha la verdad.
He nacido el cuatro de octubre. Lo sé, en el fondo de mi corazón, todavía lo sé.
Sin embargo, hoy he recibido una notificación del censo. No en mi casa, porque el aparato electoral todavía no ha conseguido encontrarme, sino en casa de mis padres. En la carta decía que, debido a información recibida en dichas oficinas, pasaban a cambiar mi fecha de nacimiento. A partir de ahora, para ellos habré nacido el 10 de octubre, en vez del cuatro. Soy un elector nacido el 10 de octubre. No el cuatro.
Poco a poco, la presión de los organismos oficiales va haciendo su efecto. La burocracia es como el agua, terca e incansable, y sé que dentro de poco sus ficheros se habrán corregido, los datos estarán cuadrados, y mi verdadera fecha de nacimiento quedará oculta para siempre en un papel amarillento dentro de algun archivo del que seguramente ya no lo pueda sacar. Una pequeña parte de la historia, insignificante, pero parte de la historia al fin y al cabo, se habrá reescrito de nuevo. El ministerio de la verdad se instaura poco a poco entre nosotros.
