Sintiendo la acidia Miércoles, 20 de Agosto de 2008
Llevo semana y pico de vuelta en el trabajo (¿o son dos semanas?) y cada vez que entro por la puerta empiezo a languidecer poco a poco, a perder las ganas de hacer cualquier cosa. Siento un vacío y unas faltas tremendas de motivación, incluso para los proyectos que siempre me han interesado.
Lo malo de esta apatía es que se está contagiando a otros sectores de mi vida. Llego a casa sin ganas de hacer nada, me siento decaído, apático, derrotado. Debo tomar una decisión profesional para salir de aquí: cambiar de oficio, de sector, de compañeros, pero es algo que tengo que retrasar hasta que acabe el mes: la oficina está desierta y no es momento de cambios ni de decisiones.
Por un lado tengo ganas de que termine agosto y así que la ciudad vuelva a la vida, que pueda empezar con los nuevos proyectos: meditación, aikido, poder volver a baile, poder volver a encontrar mi espacio y mi tiempo para escribir de nuevo, y mis nuevos motivos para hacerlo. Por otro tengo ganas de que agosto dure para siempre porque ya noto que los días acortan y que se acerca de nuevo el invierno. Este verano se me ha escapado en un suspiro y todavía necesito mucho sol, mucha playa y algo de aire libre que voy a tener que recoger en septiembre a toda prisa.
Pero da igual de lo que tenga ganas, da igual mi apatía: el tiempo es implacable, y aunque lento, acabará pasando.
Volver a trabajar en agosto tiene la ventaja aparente de que el ritmo es más lento y así estás más tranquilo.
Por contra, nos suele pasar que ese ritmo lento termina invadiendo nuestro estado de ánimo…a mi también me está pasando.
De momento, una CocaCola o RedBull al llegar a casa pronto desde la oficina hace que no de tantas vueltas al tema. Y septiembre ya está aquí (no sé si para bien o para mal).
No me recuerdes el que será mi retorno de vacaciones en septiembre, por favor…
Rafa: el redbull lo tengo para casos de emergencia, que se suelen dar por la tarde cuando tengo que salir a hacer algo interesante. En el trabajo prefiero estar medio dormido; así, cuando llegas a casa parece que ha pasado todo como en un sueño. Lo que sí que es verdad es que volver en Agosto ayuda, puede que repita otro año.
Javier: lo siento pero es lo que hay
E incluso puede ser peor