quitandose el traje

…en ultima instancia eres sólo un simple individuo en un mundo enorme

Haciendo méritos Jueves, 10 de julio de 2008

Filed under: polícitamente incorrecto — yabu @ 2:01 pm

Una de las cosas que tiene la oposición es que no es una oposición: es un concurso-oposición. Esto que suena a chino viene a decir que, aparte de los exámenes, valoran otras cosas: experiencia profesional, otras carreras y cursos realizados, etcétera.

La oposición a la que me he presentado tiene la orden explícita del ministerio de favorecer a los profesores interinos para que saquen plaza definitiva. Esto se convierte en que, en el  concurso, los años trabajados como profesor en la escuela pública cuentan muchísimo. Una persona puede aprobar por los pelos pero si lleva veinte años trabajando de profesor, pasará por delante de opositores que tengan un diez. Valoren ustedes mismos la justicia de todo esto, teniendo en cuenta que esa persona lleva veinte años sin poder o querer sacarse la oposición.

Para conseguir plaza, por lo tanto, hay que sacar puntos de méritos de donde sea. Aparte de la experiencia profesional hay otros dos apartados que dan puntos: participación en proyectos de innovación educativa, y cursos de formación.

Claro está, todo el mundo se dedica a hacer cursos de formación. Por suerte yo he podido entregar como méritos un par de másters  que tengo hechos y algún otro curso del ITI. Pero claro con eso no llegaba para cubrir los 4 puntos de méritos que da ese apartado, así que me tocó buscar cursos para rellenar el hueco. Y aquí viene lo que quería explicar:

El timo de los cursos de oposiciones

Resulta que los sindicatos, sí, esos que son tan buenos que tanto nos defienden, se han dedicado a ofrecer cursos para que todos los opositores y recién aprobados puedan, por una módica cantidad, rellenar su apartado de puntos de formación. Yo voy a hablar en concreto de uno de ellos, el ANPE, que es el que conozco.

Claro está que he hecho uso de ellos. Hay unos cursos de 100 horas; cuestan 150 euros cada uno, y he hecho tres (450 euros a la causa obrera, mira qué bien). Los cursos suenan bien y son online. Pero… lo de online quiere decir que, cuando entregas, sólo hay que mandar un correo a una dirección (de gmail, no vayan a gastarse dinero en un servidor de correo) con el trabajo adjunto. Tengo la firme sospecha de que el trabajo ni se lo leen. La gente se copia de forma descarada, se entregan cosas malísimas, pero malísimas, que dan por buenas… En resumen: pagas los 150 euros y te aprueban. Los cursos, claro, los homologa una universidad: la Universidad Católica de Valencia. A saber los criterios que siguen para la homologación.

No hay soporte al curso. Hay unas tutorías, telefónicas, durante dos horas a la semana. No he llamado pero me juego un huevo a que descuelgan el teléfono o está siempre comunicando. El material, un libro de mierda y con una edición pésima, con imágenes que parecen copiadas de Internet, faltas de ortografía, y con un contenido desestructurado y muy pobre.

Para simplificar trámites, sólo se ponen en contacto contigo si has suspendido el trabajo o no les ha llegado: envías el correo y si no te dicen nada, un par de veces al año puedes pasar a por tus justificantes. Además, cuando te matriculas, puedes elegir para qué mes quieres que te cuente el curso, ya que hay un límite de cursos que se pueden hacer cada mes, y de esta forma te lo apañas mejor. He oído de casos que han dado cursos a gente que ni siquiera había entregado el trabajo, o que le habían dado certificados que no tenían nada que ver con lo que había entregado.

En ANPE no son los únicos: todo el que puede monta cursos basurilla, se los homologan, y a correr.

¿Es justo que cuente lo mismo un máster de dos años que un curso de cien horas del ANPE, a 150 euros? ¿Es justo que se, gracias a estos chanchullos, se esté dando puntos a gente que realmente no tiene formación? Vosotros mismos. A mi lo que me ha dado la impresión es de que es un mamoneo tremendo, y un sistema que sólo sirve para financiar a los sindicatos y a cuatro espabilados.

En fin, qué país. Luego queremos que haya una buena enseñanza.

Cambiando de aspecto Miércoles, 9 de julio de 2008

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 11:45 am

El blog era ilegible y dañaba a la vista. Tenía la intención de desarrollar una plantilla desde cero pero como me sabía mal causar lesiones irreversibles en los ojos de mis lectores, no por ellos sino por las posibles sanciones, he decidido que había que hacer algo pero ya.

De modo que ayer revisé todas las plantillas del Theme Viewer de WordPress (las 110 páginas) y me decidí por Rounded V2. La he modificado un poco, cambiando la tipografía básica, y poco a poco iré dejándola a mi gusto.

Ya no tenéis excusa para no leerme. Bueno, por lo menos no tenéis esa excusa.

Rescatando a los lobos de mar Lunes, 7 de julio de 2008

Filed under: ondo ibili maripili — yabu @ 1:10 pm

Tengo más faena ahora que cuando opositaba. Sólo con quedar a tomar café con la mitad de los amigos que he dejado abandonados este tiempo me va a hasta finales de agosto. A parte de eso hay cosas que hay que arreglar de forma más o menos urgente.

Uno de esos temas pendientes desde hace no-se-cuantos-meses es poner a flote al Mono Loco, que está en dique seco desde que un marinero cabreado le dio un golpe porque puse una reclamación sobre cómo me habían tratado en Puerto Siles misteriosamente le apareció un agujero en el casco. El sábado por la tarde pasé por el puerto con la driza nueva que había comprado por ver si podíamos sustituirla y ponerle el mástil, que es casi lo último que queda por hacer. Al final no pudimos cambiar la driza, así que nos dedicamos a tomar unas cervezas en el barecito del muelle (AVISO AL NAVEGANTE: hacer dos rallas en una hoja para medir el grosor de un cabo no funciona, es difícil acertar luego con la medida correcta).

La cuestión es que estábamos en el bar cervecita para arriba, cervecita para abajo, cuando llamaron al móvil de mi socio marinero. Eran de Salvamento Marítimo: un barco se había quedado sin motor y preguntaban que si podíamos salir a por ellos, ya que los teníamos bastante cerca. Dicho y hecho: nos bebimos de un trago lo que quedaba de las cervezas y salimos al rescate con el barco de la escuela.

Justo en la bocana del puerto vimos a los candidatos a náufragos: un padre con cara de asustado, dos críos a bordo y el motor abierto. Le lanzamos un cabo que pasó alrededor del candelero antes de atarlo a la cornamusa de proa. Esto viene a decir más o menos que ató la cuerda a una barandilla que hay delante del barco en vez de sujetarla en el enganche que sirve para remolcar. Las barandillas son para hacer bonito y para no caerse así que, si hubiésemos empezado a tirar,  la barandilla hubiese salido disparada y hubiesen empezado a tener pinta de náufragos de verdad. Menos mal que le avisamos: el padre en apuros procedió a desliar la cuerda de la barandilla y atarla donde tocaba, eso sí, con un nudo que daba pena verlo.

En cinco minutos lo habíamos dejado en su amarre y, en otros cinco, estábamos otra vez sentados en el bar del muelle celebrándolo con unas cañas. En esto, vuelven a llamar a mi socio: “si, si… si.. ¿que a quienes hemos cogido? pues a los primeros que hemos visto… ¿cómo que no eran esos?”. Pues no, no eran esos: los que habían llamado a salvamento marítimo, al parecer, eran otros que estaban un poco más lejos. Volvimos a apurar las cervezas, a salir al mar, y a buscar el barco a la deriva (esperábamos esta vez dar con el bueno). El mar estaba  picado (marejada), pero pudimos deleitarnos con una puesta de sol preciosa y con una luna menguante que daba gusto verla.

Al cabo de unos minutos estábamos todos oteando el horizonte en busca de los futuros náufragos que habían dado una posición muy precisa: “en la playa, enfrente de un edificio azul”. Al rato vi un pequeño barco cerca de la costa (no había ningún edificio azul en los alrededores) y avisé al resto de la tripulación. “No, esos no pueden ser” -me dijeron-”Están demasiado cerca de la arena y debe ser un velero porque hay gente en la playa doblando una vela”. Unos minutos más de observación y descubrimos: 1-que sí, que eran ellos y que estaban muy cerca de la playa y 2-que lo que estaban manejando en la arena no era una vela, sino que estaban haciendo señales con una toalla blanca en plan “perdidos en la isla de los famosos”. En el mar hay una forma de avisar cuando tienes problemas: te quedas de pie, quieto, y subes despacio los dos brazos hasta juntarlos por encima de la cabeza, y que sirve para poder distinguir un saludo a un colega de la gente que necesita ayuda. Obviamente, no lo sabían. Y menos mal que no tenían leña a mano porque si no hubiesen empezado a hacer señales de humo o qué se yo.  Eso sí, en un terraplen de la playa habían aparcados unos cuantos coches y bastante público que no paraba de hacer fotos a la maniobra de rescate.

Nosotros intentamos llegar a socorrer al barco, pero no pudimos acercarnos demasiado porque estaban casi en la playa: cuando el náufrago jefe (que a partir de ahora llamaremos Mascachapas-1) se acercó a nosotros, vino andando con el agua por la cintura. Nosotros no estábamos nada cómodos a esa distancia de la playa, con las olas rompiéndonos encima y sin calado. Atamos todos los cabos que pudimos y se los lanzamos con un flotador al extremo para que lo llevase a su barco y lo atase. Al principio Mascachapas-1 debió pensar que ibamos a hacer surf acuático o qué se yo, porque se quedó amarrado al flotador haciendo el faba en vez de nadar hacia su barco. Toda la tripulacion le hacíamos señas, cada vez más inignados, pero al final “lo pilló” y empezó a nadar. Nosotros pusimos toda nuestra atención en no comernos las olas, no embarrancar, e intentar facilitar la maniobra que las olas y la corriente le estaban poniendo difícil.

Al cabo de cinco o diez minutos estaba tan sólo a un par de metros de su barco. En cubierta, supervisando toda la maniobra, estaba su amigo Mascachapas-2. Al verlo tan cerca tuvo la genial idea de lanzarse a ayudarle con un elegante salto. Eso si: no se le ocurrió que si hubiese atado al barco una cuerda y se hubiese tirado con ella al agua, sólo tendrían que haberla atado al flotador, subirse al barco y estirar.

Mascachapas-1 y 2 estuvieron tirando del flotador otros cinco minutos, hasta que vimos que llegaban al barco y no sabían subirse. Nosotros lo estábamos pasando mal, jugándonos el tipo, y decidimos abortar la operación: nos alejamos de la costa y a otra cosa, mariposa; si no se puede no se puede. En ese momento no lo pensamos, pero, de haber conseguido Mascachapas-1 y 2 atar la cuerda al barco, ¿qué hubiese pasado con Pilingui-1 y Pilingui-2, que todavía estaban en la playa? Supongo que las hubiésemos dejado allí, porque estaba la cosa como para tonterías.

En fin: al rato estabamos en el puerto con otra cervecita, felices de nuestro rescate y medio, y preocupados porque la gente sale al mar con demasiada alegría y muy poca idea.

Regresando al mundo Miércoles, 2 de julio de 2008

Filed under: cajón de sastre — yabu @ 12:08 pm

Bueno pues ya está: he opositado. Ayer tuve mi último examen y vuelvo a tener una vida normal, sin más obligaciones que trabajar. Se acabó el estar preparando unidades didácticas, inventando sesiones, estudiando temas… Por fin podré dedicarme a descansar y a hacer todas las cosas que había dejado pendientes.

La cosa, la verdad, ha ido regular:

El primer examen consiste en estudiar 74 temas. El día de la prueba se sacan 5 bolas de un bombo (en nuestro caso era un bingo de juegos reunidos Geyper, de esos que se utilizan en las verbenas de las fiestas del pueblo) y tienes dos horas para desarrollarlo de memoria: es una prueba de un estilo arcaico, del siglo pasado. Una persona podría estudiar sólo un tema y recitarlo como un papagayo y aprobaría. Yo sólo había estudiado 20 temas,  porque preferí prepararme unos pocos en profundidad (innovadores, coherentes, completos) antes que muchos y mal. Tenía un 82% de probabilidades de que saliese uno de esos temas.

Pues ese día sacaron las bolas… y no era ninguno de los que había estudiado. Se me cayó el alma a los pies, porque vale un 40% del examen y si no desarrollas bien el tema estás frito. Tuve que hacer un acopio tremendo de sangre fría, centrarme, e inventarme sobre la marcha uno de los que nos habían tocado en suerte. Aun así, la cosa me salió bastante bien. Quedó un desarrollo bastante coherente y apañado, por lo menos aprobable.

El siguiente examen es el práctico. Vale sólo un 20%  de la nota final pero nos tiramos todo un día, desde las 7 de la mañana que me levanté hasta las siete que llegué a casa, haciendo ejercicios: tres pruebas, dos por la mañana y una por la tarde.

En la primera prueba también me puse blanco en cuanto entregaron el enunciado. Esperábamos un test, pero nos pusieron dos ejercicios de C++ y Java. Lo gracioso de esta parte del examen es que te pueden poner lo que les de la gana en el lenguaje que les de la gana, y claro, ni siquiera te dan un manual: tienes que acordarte de la sintaxis de memoria. Teniendo en cuenta que hoy en día nadie se sabe la sintaxis de memoria, los que mejor nota sacan son los que, por lo que sea, han trabajado recientemente con los lenguajes que caen ese año.

Otra cosa curiosa es que pidieron realizar una aplicación en C++ para almacenar frases y calcular si eran palíndromos, pero pedían ¡que se hiciese ¡con una lista doblemente enlazada!. Que pidan eso es una vergüenza: C++ es un lenguaje orientado a objetos y la lista enlazada es un concepto de los años setenta cuando Wirth escribió el libro de “Estructuras de datos y Algoritmos” (o algo así). Ver ese enunciado me preocupa: me da la impresión de que la comisión de selección no tienen ni puta idea de programación orientada a objetos. Y claro, eso me hace pensar: ¿qué leches le están enseñando a los alumnos en FP? ¿Programar una lista enlazada en C, cuando todos los programas traen librerías o clases por defecto que las implementan? Yo resolví el ejercicio realizando un análisis con UML de lo que pedían y desarrollando los algoritmos principales, si no les gusta que se jodan: tengo cosas mejores que hacer que empezar a aprender lenguajes obsoletos. Prefiero dedicar mi tiempo a aprender Ruby, que claro está, nunca saldrá en un examen de oposición.

El siguiente ejercicio fue de SQL. Trivial, aunque también había que saberse la sintaxis de SQL. Si es que no hay nada más importante que saber la sintaxis… La putada esta vez fue otra, y es que tienes que entregar las hojas en sucio y además las reparten en taquitos grapados que no puedes desgrapar (¿para qué cojones quieren las hojas en sucio? En mi opinión no tendrían que evaluarlas), pero bueno, la cuestión fue que me equivoqué y escribí una hoja en sucio en el taquito de hojas en limpio. Como no se puede desgrapar me tocó escribir el examen de cabo a rabo de nuevo, para que quedase aseado. Terminé con la mano destrozada y justo a tiempo, cuando quedaban dos minutos para entregar.

El tercer examen práctico tuvo varios ejercicios: uno de redes,  donde había que poner las tablas de encaminamiento de ciertos routers dada una red. Más o menos fácil. Lo malo es que no creo que el tribunal sea tan inteligente como para saber que para los nodos de tu segmento no te tienes que guardar la IP individual en la tabla de rutas, porque pedían asignar IPs a nodos específicos “si hacía falta”. Yo, obviamente, no lo puse: idem de lo de antes, que se jodan. Después había que resolver un problema de planificación de procesos en los que la única dificultad es que tenías que saber cómo se comportaba el algoritmo a partir de sus siglas (también muy importante, porque donde vas a comparar saber lo que significan unas siglas con saber elegir un algoritmo de planificación correcto para cumplir unos objetivos. Por favor… donde esté memorizar que se quite el saber hacer las cosas). Y por último, un algoritmo de cálculo de rutas de encaminamiento con el que me sentí como en la facultad.

La última prueba fue la exposición oral. También hay que elegir tres bolas, y de las tres, elegir una unidad didáctica a exponer. El corazón de mi programación era el desarrollo orientado a procesos, a datos y a objetos: en total 9 unidades didácticas bien desarrolladas, relevantes, con las que me podía haber lucido. Pues en las bolas salió la última unidad didáctica (muy corta como para exponer) la segunda (idem, además habla de la ingeniería del software y es algo demasiado típico) y una de gestión de proyectos, que fue la que cogí porque era la única más o menos salvable. Lo malo fue que llevaba despierto desde las seis y media de la mañana, me había pasado todo el día en el instituto esperando que me tocase el turno, y cuando entré a la exposición estaba reventado y muy nervioso.

Total, en la exposición perdí el control del tiempo: me pasé de la media hora de exposición de la programación, y la unidad didáctica la expliqué, según creo, demasiado rápido. No puse ninguna actividad de ejemplo, y me dio la impresión de que las cosas de las que les hablaba les sonaban a chino: puntos función, estimación por casos de uso, fases de la gestión de proyectos… Creo que no preguntaron nada del contenido porque les daba miedo quedar mal.

La ronda de preguntas fue muy cutre. Uno de los miembros, alto, delgado, desgarbado y que en los exámenes paseaba entre las mesas con la mirada perdida, insistió en saber cuánto iban a acabar sabiendo de SQL los alumnos. Le dije que lo mínimo para aprender, y el pesao que exactamente qué, que si no iban a dar más SQL… Le dije, más o menos, que en el decreto de título y currículo no pone nada de dar SQL y se si tenía algún problema con eso que le escribiese una carta al ministerio. Lo cierto es que, en mi programación, la unidad didáctica con más horas es la que trataba SQL, y si hubiese estado tranquilo le hubiese contestado bien. La impresión de la que salí de esa prueba es que más vale tratar temas de los que el tribunal sepa algo para que puedan sentirse implicados: si tratas temas demasiado avanzados, se pierden y pasan de ti. No sé, pero me da que el nivel de los profesores de informática debe ser más bien flojillo: saben las cuatro cosas del temario y no se han preocupado por innovar.

Total, que así ha ido la cosa. Este año hay muy pocas plazas así que no creo que cuele. Y la verdad, me estoy planteando si presentarme el año que viene: aunque me costaría mucho menos esfuerzo, me parece un proceso de selección tan aleatorio y humillante que no sé si tengo ganas de dedicarle más tiempo de mi vida. Pero en fin, de aquí a entonces ya veremos.

Lo positivo es que ahora soy libre y puedo empezar a retomar las chorradas y no tan chorradas del día a día, los amigos a los que tengo abandonados, y empezar nuevos proyectos o continuar los que tengo aparcados.